Quisiera ser la ola
que te abata,
que tu fuerza desbarate,
y ser, por una vez
la triunfadora,
en el duelo de mentiras
que sobre mí arrojas.
Te odio
y en su aura
que me arropa,
te combato,
porque sé que una palabra
revestida de engaño,
aunque de tentadora
dulzura rebozada,
es capaz de hacerme olvidar
ofensas y agravios.
Y mi rencor se asemeja,
tanto, tanto,
al amor que se da
y que no se aprecia,
a ese amor que sufre
porque se le desprecia
y con el que de continuo
se juega.
Y te quiero dejar
porque eres como la cicuta,
que lentamente asesina
el latido
de la sangre de mis venas,
que sólo por ti se altera,
transmutándome en reloj
que cuenta las horas
a la espera del nuevo dolor
que me llene de pena.
Pero hay veces,
que en antídoto
te conviertes,
llevándome a la salvación,
porque tal es la dualidad
de tu naturaleza indomable,
capaz de hacerme sentir,
como una reina adorada,
cuando así te lo propones.
Y ya en nada
puedo pensar
de lo que no formes parte,
y me imagino como aliento
en tu garganta atrapado,
pero que no quiere
sentirse liberado,
porque fuera,
en el exterior,
su espíritu,
sin tu calor,
perecería helado.
que te abata,
que tu fuerza desbarate,
y ser, por una vez
la triunfadora,
en el duelo de mentiras
que sobre mí arrojas.
Te odio
y en su aura
que me arropa,
te combato,
porque sé que una palabra
revestida de engaño,
aunque de tentadora
dulzura rebozada,
es capaz de hacerme olvidar
ofensas y agravios.
Y mi rencor se asemeja,
tanto, tanto,
al amor que se da
y que no se aprecia,
a ese amor que sufre
porque se le desprecia
y con el que de continuo
se juega.
Y te quiero dejar
porque eres como la cicuta,
que lentamente asesina
el latido
de la sangre de mis venas,
que sólo por ti se altera,
transmutándome en reloj
que cuenta las horas
a la espera del nuevo dolor
que me llene de pena.
Pero hay veces,
que en antídoto
te conviertes,
llevándome a la salvación,
porque tal es la dualidad
de tu naturaleza indomable,
capaz de hacerme sentir,
como una reina adorada,
cuando así te lo propones.
Y ya en nada
puedo pensar
de lo que no formes parte,
y me imagino como aliento
en tu garganta atrapado,
pero que no quiere
sentirse liberado,
porque fuera,
en el exterior,
su espíritu,
sin tu calor,
perecería helado.