ALYA
Poeta fiel al portal
Cuando un poema se vuelve lágrima
arroja su verdad en la pica de los miedos
llora entonces el silencio
su oscuro duelo dormido.
Golpea la luz de un farol ajeno
los ojos ciegos, negados a ver.
Corren sobre tu cuerpo
disueltas las palabras
que solo al tiempo pertenecen,
te gritan, te acosan
ya no más rastro de ansias despiertas.
El pensamiento es cárcel y llave,
tú lo sabes,
ustedes lo saben.
Desenterrando sueños dormidos
en sus palabras lejanas,
una a una se volvieron lágrimas,
uno a uno, cayeron vencidos
los vocablos del poema
que vuelto lagrima para ti
despierta una flor cualquiera.
El viento sopla sin prisa
arrastrando los suspiros
lleva mezclado los miedos
y los intentos perdidos,
la cobardía del que calla
y el lamento asesino
que sacrificó tus ojos
cuando ignoró su pedido.
Mi boca muerde,
su propia mentira
la voz que calla
al alma que grita.
¿Dónde guardaste
las palabras,
a quien donas tu malicia?
¿Quién sorbe de los pliegues
de tu cara de viejo maldito
las ganas de morirse
entre el fuego de tus manos
sucias de hambre,
de vino,
de carne,
de sangre y tierra
de mar y arena?
Yo lavaré con las gotas
caídas de un poema
vuelto sal, lagrima y protesta
las respuestas turbias
que nunca le hablaron
a quien debía escuchar.
arroja su verdad en la pica de los miedos
llora entonces el silencio
su oscuro duelo dormido.
Golpea la luz de un farol ajeno
los ojos ciegos, negados a ver.
Corren sobre tu cuerpo
disueltas las palabras
que solo al tiempo pertenecen,
te gritan, te acosan
ya no más rastro de ansias despiertas.
El pensamiento es cárcel y llave,
tú lo sabes,
ustedes lo saben.
Desenterrando sueños dormidos
en sus palabras lejanas,
una a una se volvieron lágrimas,
uno a uno, cayeron vencidos
los vocablos del poema
que vuelto lagrima para ti
despierta una flor cualquiera.
El viento sopla sin prisa
arrastrando los suspiros
lleva mezclado los miedos
y los intentos perdidos,
la cobardía del que calla
y el lamento asesino
que sacrificó tus ojos
cuando ignoró su pedido.
Mi boca muerde,
su propia mentira
la voz que calla
al alma que grita.
¿Dónde guardaste
las palabras,
a quien donas tu malicia?
¿Quién sorbe de los pliegues
de tu cara de viejo maldito
las ganas de morirse
entre el fuego de tus manos
sucias de hambre,
de vino,
de carne,
de sangre y tierra
de mar y arena?
Yo lavaré con las gotas
caídas de un poema
vuelto sal, lagrima y protesta
las respuestas turbias
que nunca le hablaron
a quien debía escuchar.
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