Sebastián Figueroa
Poeta recién llegado
Te cuento que amanecí triste.
Los pensamientos me han sacudido como una barca en a tempestad.
Rogaba un salto de tiempo.
Que salieras de mis pensamientos y me prestaras la mirada.
Te cuento que amanecí triste;
Acaricie tus mejillas en la almohada
y tu pelo en la punta desilachada de la sabana.
Bese entre las telas tus labios y
camine tus costillas sobre la fría chapa de la cama.
El frío guardo mis hombros bajo las lanas
y pensé un abrazo eterno que no me soltó.
Pensé mis manos sobre tu cuerpo de algodón acariciandote
como las cortinas acarician las brisas del verano.
Te cuento que amanecí triste;
Aun no abandono el llanto.
Con lágrimas de esperanza aquí te sigo soñando,
¡ave blanca de ensueño!.
¡Simple algodón claro!.
¡Fruto de mis desvelos. Llama que arde en las manos!.
Te he acariciado de noche, aunque aun no hayas llegado.
Sebastián Figueroa
©DR
Los pensamientos me han sacudido como una barca en a tempestad.
Rogaba un salto de tiempo.
Que salieras de mis pensamientos y me prestaras la mirada.
Te cuento que amanecí triste;
Acaricie tus mejillas en la almohada
y tu pelo en la punta desilachada de la sabana.
Bese entre las telas tus labios y
camine tus costillas sobre la fría chapa de la cama.
El frío guardo mis hombros bajo las lanas
y pensé un abrazo eterno que no me soltó.
Pensé mis manos sobre tu cuerpo de algodón acariciandote
como las cortinas acarician las brisas del verano.
Te cuento que amanecí triste;
Aun no abandono el llanto.
Con lágrimas de esperanza aquí te sigo soñando,
¡ave blanca de ensueño!.
¡Simple algodón claro!.
¡Fruto de mis desvelos. Llama que arde en las manos!.
Te he acariciado de noche, aunque aun no hayas llegado.
Sebastián Figueroa
©DR