Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Transportado por el último abrazo, por besos
traicioneros, abyectos,
con el penúltimo aliento llegaste a la cima.
El encuentro fortuito te conducía al silencio
de la burda mentira,
a que el temor se desgranase de tus dedos
vagamente iluminados.
Y ahora que la soledad empezó afectarte,
ahora que empiezo a pendular en tu fragoroso
interior ojos fatigados se niegan a ver, ojos muy
abiertos se niegan a creer.
Su silente figura, su odio contenido ya no te
conciernen.
Ya no puedes ser lastimado por ninguna corona
que envuelva tu cuello con rosas olvidadas.
Ya no puedes aceptar que el sol dañe tus pestañas
de lágrimas simples.
Pero igual traspiras, tus pechos se lastiman y
lamentas haberlas perdido una y otra vez.
Se han ido de tus manos, ha volado como las
palomas y de pronto no puedes escapar de sus lentos
movimientos de puma hembra de sinuosa cola.
Deberías entender de una vez por todas que el
pasado se enquista.
Aunque el pasado zozobra nunca te deja, prefiere
observarte mientras te aprieta con sus tentáculos
hasta desollarte.
Ya no hace falta que te desgajes para que las
hojas repentinas parezcan dormidas.
traicioneros, abyectos,
con el penúltimo aliento llegaste a la cima.
El encuentro fortuito te conducía al silencio
de la burda mentira,
a que el temor se desgranase de tus dedos
vagamente iluminados.
Y ahora que la soledad empezó afectarte,
ahora que empiezo a pendular en tu fragoroso
interior ojos fatigados se niegan a ver, ojos muy
abiertos se niegan a creer.
Su silente figura, su odio contenido ya no te
conciernen.
Ya no puedes ser lastimado por ninguna corona
que envuelva tu cuello con rosas olvidadas.
Ya no puedes aceptar que el sol dañe tus pestañas
de lágrimas simples.
Pero igual traspiras, tus pechos se lastiman y
lamentas haberlas perdido una y otra vez.
Se han ido de tus manos, ha volado como las
palomas y de pronto no puedes escapar de sus lentos
movimientos de puma hembra de sinuosa cola.
Deberías entender de una vez por todas que el
pasado se enquista.
Aunque el pasado zozobra nunca te deja, prefiere
observarte mientras te aprieta con sus tentáculos
hasta desollarte.
Ya no hace falta que te desgajes para que las
hojas repentinas parezcan dormidas.
Última edición: