Junior O.
Poeta asiduo al portal
Puse mi vista en su rostro y ya sus ojos me miraban. Tan perfecta que dudé si su madre un ángel había concebido.
La acerqué a mi pecho sigiloso como si fuera porcelana fina. Inhalé, por vez primera, su olor a nuevo al besar tu mejilla.
Supe que sería brillante, al verla sujetar mi camisa con fuerza, como el que se sujeta de una cuerda para no caerse.
La amé tanto sin reserva, ni egoísmo, con cada fibra de mi ser. Supe en ese instante que mi felicidad dependería de que ella feliz fuera.
Comprendí que ni el tiempo, enfermedad, o pobreza me alejarían de ella. Solo la muerte que no espera podría, momentáneamente, apartarme de su vera.
La llevé conmigo, le enseñé el lugar que sería su hogar. La cuna que sería testigo tanto de mi desvelo como del de ella.
La acurruqué a mi lado y dormimos abrazados por vez primera. Ese solo fue el inicio de un amor que no conoce barrera.
La acerqué a mi pecho sigiloso como si fuera porcelana fina. Inhalé, por vez primera, su olor a nuevo al besar tu mejilla.
Supe que sería brillante, al verla sujetar mi camisa con fuerza, como el que se sujeta de una cuerda para no caerse.
La amé tanto sin reserva, ni egoísmo, con cada fibra de mi ser. Supe en ese instante que mi felicidad dependería de que ella feliz fuera.
Comprendí que ni el tiempo, enfermedad, o pobreza me alejarían de ella. Solo la muerte que no espera podría, momentáneamente, apartarme de su vera.
La llevé conmigo, le enseñé el lugar que sería su hogar. La cuna que sería testigo tanto de mi desvelo como del de ella.
La acurruqué a mi lado y dormimos abrazados por vez primera. Ese solo fue el inicio de un amor que no conoce barrera.
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