AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
RÁPTAME TÚ.
Dulce gaviota invisible, descendiente de
Diana sinegénetica, me has dado la chispa
de la historia y en tus labios, cada madrugada,
me nacen rosas que no puedo oler ni besar.
Incorpórea como el aire que respiro, aún
eres el aliento que motiva mi espíritu y el
ansia infinita de beberte completa y sin
sueños, como a la luz de las montañas y
los lagos de cisnes blancos, que deambulan
como las sombras de fantasmas intangibles.
Acento y tono mayor de un piano en lujuria,
Me embebes con tu existencia, y no obstante,
eres solo la forma de una ciencia perdida. ¡Ay
embeleso de mujer! Tienes ese científico
origen de la dama que nació para ser amada,
y sin embargo, extraño tus labios y tus alas
invisibles, que al aunarse con mis madrugadas,
producen un duelo indescriptible y doloroso.
Psyche, ráptame tú, llévame a tu piel, y nunca
permitas que tus labios dejen de besarme.
Duele el duelo de las aves que emigran y dejan
sus amores perdidos; el invierno amor mío, no
es invisible, como tus manos y tu boca, es duro
y frío como una montaña en el Tibet, y como
esa parte obscura de la luna, que también se
ha ido sin sonreír y sin besar mis labios fríos.
augus 10 julio 2015.
Dulce gaviota invisible, descendiente de
Diana sinegénetica, me has dado la chispa
de la historia y en tus labios, cada madrugada,
me nacen rosas que no puedo oler ni besar.
Incorpórea como el aire que respiro, aún
eres el aliento que motiva mi espíritu y el
ansia infinita de beberte completa y sin
sueños, como a la luz de las montañas y
los lagos de cisnes blancos, que deambulan
como las sombras de fantasmas intangibles.
Acento y tono mayor de un piano en lujuria,
Me embebes con tu existencia, y no obstante,
eres solo la forma de una ciencia perdida. ¡Ay
embeleso de mujer! Tienes ese científico
origen de la dama que nació para ser amada,
y sin embargo, extraño tus labios y tus alas
invisibles, que al aunarse con mis madrugadas,
producen un duelo indescriptible y doloroso.
Psyche, ráptame tú, llévame a tu piel, y nunca
permitas que tus labios dejen de besarme.
Duele el duelo de las aves que emigran y dejan
sus amores perdidos; el invierno amor mío, no
es invisible, como tus manos y tu boca, es duro
y frío como una montaña en el Tibet, y como
esa parte obscura de la luna, que también se
ha ido sin sonreír y sin besar mis labios fríos.
augus 10 julio 2015.