alejandro guardiola
Poeta adicto al portal
Aquella noche después de mucho pretenderlo
conseguí por primera vez en los labios besarte
era tan grande y tan fuerte nuestro anhelo
que cogimos una habitación en un hotel aparte
Nuestras ropas por el suelo, el corazón encendido
nuestra ansías de fundirnos, que fuéramos solo uno
nuestra respiración jadeante, nuestros gemidos
demostraban que había llegado el momento oportuno
Ella gemía, deseando, pidiendo, que yo me diera prisa
ofreciéndome su bosque tan hermoso a primera vista
yo me lancé con un empuje tremendo poniendo la visa
cuando de repente me encontré encima de una revista
La pata de la cama se había roto por mi gran esfuerzo
habiendo caído al suelo con aquella mujer encima
notaba un dolor fuerte y terrible en todo mi espinazo
pero lo que me dolió es que su codo se clavó en mi cima
Ella quiso que continuáramos más yo ya no podía
con el codazo de la caída mis apetencias perdía
llevé mis manos a mis parte de lo mucho que dolían
maldiciendo mi mala suerte pues aquel no era mi día
conseguí por primera vez en los labios besarte
era tan grande y tan fuerte nuestro anhelo
que cogimos una habitación en un hotel aparte
Nuestras ropas por el suelo, el corazón encendido
nuestra ansías de fundirnos, que fuéramos solo uno
nuestra respiración jadeante, nuestros gemidos
demostraban que había llegado el momento oportuno
Ella gemía, deseando, pidiendo, que yo me diera prisa
ofreciéndome su bosque tan hermoso a primera vista
yo me lancé con un empuje tremendo poniendo la visa
cuando de repente me encontré encima de una revista
La pata de la cama se había roto por mi gran esfuerzo
habiendo caído al suelo con aquella mujer encima
notaba un dolor fuerte y terrible en todo mi espinazo
pero lo que me dolió es que su codo se clavó en mi cima
Ella quiso que continuáramos más yo ya no podía
con el codazo de la caída mis apetencias perdía
llevé mis manos a mis parte de lo mucho que dolían
maldiciendo mi mala suerte pues aquel no era mi día