Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Abarcan sus brazos estas lejanías tan mías
que parecen horizontes de niebla.
Su boca envuelve en un beso
las corrientes de aire nacidas de mi voz.
Amortigua con aquiescencia cómplice,
todos los sonidos equivocados, cortados
por los jadeos que le regalo.
Abarcan sus ojos esas miradas tan mías
que sólo son reflejos de las suyas.
Entonces nacen formas de lo antes informe;
formas que su fuego aleó en dos cuerpos
esféricos engarzados en oro.
Por las calles del cielo,
-allí donde las aceras son de deseos-
los sueños son de cartón y las realidades
acuarelas pintadas por un niño llamado amor.
Es un sentimiento, y es su reciprocidad
la que remueve mis fantasías con sus alas,
insuflando nuevas brisas que enredan mi pelo gris
con las frondosas suavidades de sus manos.
que parecen horizontes de niebla.
Su boca envuelve en un beso
las corrientes de aire nacidas de mi voz.
Amortigua con aquiescencia cómplice,
todos los sonidos equivocados, cortados
por los jadeos que le regalo.
Abarcan sus ojos esas miradas tan mías
que sólo son reflejos de las suyas.
Entonces nacen formas de lo antes informe;
formas que su fuego aleó en dos cuerpos
esféricos engarzados en oro.
Por las calles del cielo,
-allí donde las aceras son de deseos-
los sueños son de cartón y las realidades
acuarelas pintadas por un niño llamado amor.
Es un sentimiento, y es su reciprocidad
la que remueve mis fantasías con sus alas,
insuflando nuevas brisas que enredan mi pelo gris
con las frondosas suavidades de sus manos.