A mi mujer
Quién fuera caballero de la escritura,
para templar mi pluma al eterno raso
desde el bello instante que arribe el ocaso
despojado de letras, sin armadura,
a fin de que mi poesía brille pura
cual sol de la mañana entra en tu morada,
posándose grácil sobre tu almohada
acariciando tu blanca hermosura.
Quién fuera, cual dulce ruiseñor trinando,
para que se fije en mi tu lindo mirar
con el fin de volverte a enamorar
ofreciéndote mi amor puro versando.
Quién fuera caballero de tenues versos,
para sutilmente al oído susurrarte
todo cuanto significas y robarte
el centro del alma a través de tus besos.
¡Ay, caballeroso poeta, quién pudiera!
Para que mi pasión sea tu delirio,
juntos caminar entre rosas y lirios
y nunca más volver a pensar...quién fuera.
Luis
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