Paolo Luna
Poeta adicto al portal
La brisa que marca sus pequeñas huellas,
sobre el agua tan tranquila en la laguna,
lleva consigo el olor de mi morena,
aroma que no lo tiene flor alguna
y tal vez en este mundo,
mujer ninguna.
El sol es testigo como fue la luna,
de abrazos y besos en el verde prado,
de vueltas y vueltas en la gran llanura,
sobre pasto fresco de sabor majado
y miles flores danzantes,
de lado y lado.
Las nubes, el cielo azul y el sol callado,
en el día han mirado nuestro amorío,
las estrellas y la luna dan el claro
de la noche para amarnos cerca al río,
y las tibias brisas niegan,
espacio al frio.
Los cuerpos desnudos no piden abrigo,
palabras muy tibias serán suficientes,
para darnos al aire aunque hiciese frio,
abrazos, caricias y besos ardientes.
Y estarán valle y laguna,
allí presentes.
sobre el agua tan tranquila en la laguna,
lleva consigo el olor de mi morena,
aroma que no lo tiene flor alguna
y tal vez en este mundo,
mujer ninguna.
El sol es testigo como fue la luna,
de abrazos y besos en el verde prado,
de vueltas y vueltas en la gran llanura,
sobre pasto fresco de sabor majado
y miles flores danzantes,
de lado y lado.
Las nubes, el cielo azul y el sol callado,
en el día han mirado nuestro amorío,
las estrellas y la luna dan el claro
de la noche para amarnos cerca al río,
y las tibias brisas niegan,
espacio al frio.
Los cuerpos desnudos no piden abrigo,
palabras muy tibias serán suficientes,
para darnos al aire aunque hiciese frio,
abrazos, caricias y besos ardientes.
Y estarán valle y laguna,
allí presentes.
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