cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Qué cruel es la distancia!
Mata y sacrifica el corazón
cuando lejos está a la que bien
por amor se ama
es capaz de calcinar los sueños,
atrapar quimeras en jaulas de porcelana
al vuelo inconsciente de cualquier golondrina
que volando bajo se pierde en el agua
haciendo que sea miserable aún más la nostalgia;
se anhela con un deseo vehemente
las calles aquellas jamás olvidadas
las que abren tapujos, las que hacen que llore
el alma
y los ojos furtivos, eso ojos llenos de luz
que ven el horizonte por las mañanas.
¡Qué cruel es la distancia!
Disimula la cordura en lienzos que no hablan
pues devora con saña las esperanzas
cuando va pasando el tiempo
y se frustra todo deseo
de los recuerdos que cuelgan de la ventana
o de los amores perdidos
de los que jamás ya nadie habla
pero que son el fantasma que invade
los días y noches con besos y miradas
que nadie percibe, que nadie reclama
solo el que aún espera
impaciente y seguro,
que siempre habrá un mañana.
.
Mata y sacrifica el corazón
cuando lejos está a la que bien
por amor se ama
es capaz de calcinar los sueños,
atrapar quimeras en jaulas de porcelana
al vuelo inconsciente de cualquier golondrina
que volando bajo se pierde en el agua
haciendo que sea miserable aún más la nostalgia;
se anhela con un deseo vehemente
las calles aquellas jamás olvidadas
las que abren tapujos, las que hacen que llore
el alma
y los ojos furtivos, eso ojos llenos de luz
que ven el horizonte por las mañanas.
¡Qué cruel es la distancia!
Disimula la cordura en lienzos que no hablan
pues devora con saña las esperanzas
cuando va pasando el tiempo
y se frustra todo deseo
de los recuerdos que cuelgan de la ventana
o de los amores perdidos
de los que jamás ya nadie habla
pero que son el fantasma que invade
los días y noches con besos y miradas
que nadie percibe, que nadie reclama
solo el que aún espera
impaciente y seguro,
que siempre habrá un mañana.
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