Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Veranos
Aun la amo. Aun mi corazón se alegra
al volver los caminos, solitario.
De luna y sol la luz, blanqueó mis viajes y desvelos.
No me siento su dueño; más la dueña la siento
de mis ansias y anhelos.
Aun la sueño. La dibujo en mi mente entre olas triunfantes
coronadas de albura.
Entre risas de infantes y gaviotas con hambre
vigilando en la altura.
¡Ah, la brisa marina! ¡Ah, el oleaje constante!
¡Ah, las húmedas dunas! ¡Ah, el sol de levante!
Playas de arena fina que añoro de mi tierra.
Aun la busco. Y en mi pecho conjugo el verbo amar por ella
en pasado y presente y en futuro.
Y cuando ya el tiempo, que nunca se detiene,
nos regale las flores de la gran despedida;
y en los ojos del alma se reflejen los seres
a los que tanto amamos al pasar por la vida,
que este amor valiente que antaño nos uniera
se mantenga latente en lejanos confines de azulados celajes.
¡Y que Dios lo bendiga!
Aun la amo. Aun mi corazón se alegra
al volver los caminos, solitario.
De luna y sol la luz, blanqueó mis viajes y desvelos.
No me siento su dueño; más la dueña la siento
de mis ansias y anhelos.
Aun la sueño. La dibujo en mi mente entre olas triunfantes
coronadas de albura.
Entre risas de infantes y gaviotas con hambre
vigilando en la altura.
¡Ah, la brisa marina! ¡Ah, el oleaje constante!
¡Ah, las húmedas dunas! ¡Ah, el sol de levante!
Playas de arena fina que añoro de mi tierra.
Aun la busco. Y en mi pecho conjugo el verbo amar por ella
en pasado y presente y en futuro.
Y cuando ya el tiempo, que nunca se detiene,
nos regale las flores de la gran despedida;
y en los ojos del alma se reflejen los seres
a los que tanto amamos al pasar por la vida,
que este amor valiente que antaño nos uniera
se mantenga latente en lejanos confines de azulados celajes.
¡Y que Dios lo bendiga!
Última edición: