Ruben Begega Linares
Poeta recién llegado
El amor nunca muere, por el tiempo,
Aquel que nos regalamos en la noche,
Mientras sólo nuestras miradas hablaban,
Rodeados de un abismal y completo silencio,
Sabia exactamente, que era lo que pensabas,
Aquel en que nos alejamos, de todo, de todos,
Mientras toda tu ansiedad, poco a poco soltabas,
Camino de un nuevo y corto mundo,
Donde la paz, la claridad, la pasión reinaba,
Aquel tiempo en tu mente perdido,
Paseando bien temprano, en la playa,
Resguardados en ese pequeño puerto,
Con tu fuerza interior, me arropabas,
Intentamos cruzar un largo puente,
Hecho de madera vetusta, gastada,
Justo en su mitad cortamos el avance,
No llegamos a cruzarlo, el día se acaba,
Aquel tiempo en que perdimos,
Decenas de minutos, de horas sin querer,
O quizá si fue queriendo, no lo recuerdo bien,
Que más da el maldito y efímero tiempo,
Si al final, lo que cuenta es el presente,
Vivir con intensidad cada momento,
Resultado directo de nuestros aciertos,
El pasado, pasado es, sólo son recuerdos,
Permanecen en tu mente despierta,
Calmando tu apatía, el dolor del día a día,
Ayudan en tu camino, para no repetir lecciones,
Para dibujarte una leve sonrisa,
Para volver a llenarte de ilusiones,
El futuro aparente, siempre incierto,
Termina por absorber todo pensamiento,
Consume fuerzas de inútil forma,
Para qué preocuparse por ello,
El amor nunca muere, por el tiempo,
Lo ahoga y mata, la noche vacía mi cielo,
Que como un fantasma se aparece,
En forma cruel de largo desvelo,
De eterno cambio, en un te quiero.
Aquel que nos regalamos en la noche,
Mientras sólo nuestras miradas hablaban,
Rodeados de un abismal y completo silencio,
Sabia exactamente, que era lo que pensabas,
Aquel en que nos alejamos, de todo, de todos,
Mientras toda tu ansiedad, poco a poco soltabas,
Camino de un nuevo y corto mundo,
Donde la paz, la claridad, la pasión reinaba,
Aquel tiempo en tu mente perdido,
Paseando bien temprano, en la playa,
Resguardados en ese pequeño puerto,
Con tu fuerza interior, me arropabas,
Intentamos cruzar un largo puente,
Hecho de madera vetusta, gastada,
Justo en su mitad cortamos el avance,
No llegamos a cruzarlo, el día se acaba,
Aquel tiempo en que perdimos,
Decenas de minutos, de horas sin querer,
O quizá si fue queriendo, no lo recuerdo bien,
Que más da el maldito y efímero tiempo,
Si al final, lo que cuenta es el presente,
Vivir con intensidad cada momento,
Resultado directo de nuestros aciertos,
El pasado, pasado es, sólo son recuerdos,
Permanecen en tu mente despierta,
Calmando tu apatía, el dolor del día a día,
Ayudan en tu camino, para no repetir lecciones,
Para dibujarte una leve sonrisa,
Para volver a llenarte de ilusiones,
El futuro aparente, siempre incierto,
Termina por absorber todo pensamiento,
Consume fuerzas de inútil forma,
Para qué preocuparse por ello,
El amor nunca muere, por el tiempo,
Lo ahoga y mata, la noche vacía mi cielo,
Que como un fantasma se aparece,
En forma cruel de largo desvelo,
De eterno cambio, en un te quiero.
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