La lluvia IV

Évano

Libre, sin dioses.
A veces, cuando llueve, pienso
que los ángeles usan, otra vez,
el wáter de la sala de la Tierra.
Quizás otra fiesta donde se parten
de risa con lo que ocurre en este planeta.
Los imagino meando, sonriendo
con lo que alguno de ellos ha dicho en la sala;
o mientras vomitan, porque hay días de barro,
días que caen ranas, y peces.


Algunas veces, cuando por el cristal resbala
la luz de agua
y el golpeo de las gotas me llevan
a inhalar el olor de la tierra, pienso
en un universo deshecho
al contemplar tanto martirio
y tanta belleza y esfuerzo
por no ser una mota más
de polvo inútil e inerte pululando
por el inocuo cosmos de la nada.


Pero siempre, cuando llueve, recuerdo
al niño de libros que cubre su cabeza
mientras corre y cruza y salta
las rieras y calles del barrio.


Y cuando soy tristeza y llueve, reproduzco
las tormentas, las noches
entre mantas, fiebres y temblores,
y rayos y relámpagos, y el amor
de la mano de la madre aposentada en mi frente.


La mano, dedos trazando caminos
dibujados por la lluvia en los cristales
de una ventana que resiste al mundo
y a un tiempo que ya no importa ni existe.


Luego, desnudo en el balcón,
lanzo a la pluvia
las hojas de mis poemas y veo
cómo millones de agualuces besan
y blanden como lanzas diminutas
de los ángeles borrachos de la sala de la Tierra.


Acaban en las cuencas de los ojos
de los esqueletos moribundos,
de los casi muertos.


Aunque quisiera que penetraran los áridos poros de la tierra
y germinara la polvorienta memoria reseca.


 
Última edición:
EstimadoÉvano, tu lluvia me ha conmovido, sobretodo esta parte que he escogido... Gracias.

Pero siempre, cuando llueve, recuerdo
al niño de libros que cubre su cabeza
mientras corre y cruza y salta
las rieras y calles del barrio.

Y cuando soy tristeza y llueve, reproduzco
las tormentas, las noches
entre mantas, fiebres y temblores,
y rayos y relámpagos, y el amor
de la mano de la madre aposentada en mi frente.

La mano, dedos trazando caminos
dibujados por la lluvia en los cristales
de una ventana que resiste al mundo
y a un tiempo que ya no importa ni existe.
 
Imaginativo y fantasioso poema sobre los efectos que causa la lluvia en tu espíritu y memoria, gran creatividad nos muestra tu poema.

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Buen trabajo, amigo con un enfoque pleno de originalidad en el tratamiento del tema propuesto; hay ideas realmente impactantes como la de los ángeles meando e incluso vomitando sobre nosotros. Me has hecho recordar a una vecina que teníamos cerca de casa que cuando oía tronar decía : hoy los santos han comido judias..., jajaja

En cuanto al formato, poco puedo decir yo del verso libre que practico poco o nada, solo te haré un apunte de caracter gramatical, aunque no te digo rotundamente que sea un error tuyo sino acaso de mi interpretación de estos versos:

Aunque quisiera que penetraran los áridos poros de la tierra
y germinara la polvorienta memoria reseca.


¿porque un tiempo verbal está en plural y el otro en singular? La frase la entiendo mal, sinceramente. Si te refieres a la lluvia, la entenderia mejor si dijeras :

Aunque quisiera que penetrara en los áridos poros de la tierra
y germinara la polvorienta memoria reseca.


de esta forma habría concordancia en los verbos (ambos en singular) y ese "en" haría que se entendiese mejor la frase porque decir "penetraran los árido poros" para mi no tiene mucho sentido, sinceramente. En cualquier caso, por supuesto, puede ser un error de interpretación mia, como ya te he dicho antes. Si es así, mis disculpas por anticipado.

Mi felicitación con un saludo muy cordial.

A veces, cuando llueve, pienso
que los ángeles usan, otra vez,
el wáter de la sala de la Tierra.
Quizás otra fiesta donde se parten
de risa con lo que ocurre en este planeta.
Los imagino meando, sonriendo
con lo que alguno de ellos ha dicho en la sala;
o mientras vomitan, porque hay días de barro,
días que caen ranas, y peces.


Algunas veces, cuando por el cristal resbala
la luz de agua
y el golpeo de las gotas me llevan
a inhalar el olor de la tierra, pienso
en un universo deshecho
al contemplar tanto martirio
y tanta belleza y esfuerzo
por no ser una mota más
de polvo inútil e inerte pululando
por el inocuo cosmos de la nada.


Pero siempre, cuando llueve, recuerdo
al niño de libros que cubre su cabeza
mientras corre y cruza y salta
las rieras y calles del barrio.


Y cuando soy tristeza y llueve, reproduzco
las tormentas, las noches
entre mantas, fiebres y temblores,
y rayos y relámpagos, y el amor
de la mano de la madre aposentada en mi frente.


La mano, dedos trazando caminos
dibujados por la lluvia en los cristales
de una ventana que resiste al mundo
y a un tiempo que ya no importa ni existe.


Luego, desnudo en el balcón,
lanzo a la pluvia
las hojas de mis poemas y veo
cómo millones de agualuces besan
y blanden como lanzas diminutas
de los ángeles borrachos de la sala de la Tierra.


Acaban en las cuencas de los ojos
de los esqueletos moribundos,
de los casi muertos.


Aunque quisiera que penetraran los áridos poros de la tierra
y germinara la polvorienta memoria reseca.

 
Gracias Libélula, Maramim y jmacgar, por su agradable pasear entre mis letras.

En los versos señalados me refiero a los poemas, ya que viene de las últimas estrofas. Pero tiene razón, queda algo confuso. Mi deseo hubiera sido ambas cosas, que los poemas y la lluvia (gotas de agua, agualuces) quedaran reflejados en ese "penetrara". Intentaré arreglarlo.

Un fuerte abrazo, compañeros.
 
Muy buen poema, amigo, hay algunas metáforas que son sumamente innovadoras que producen un efecto de sorpresa en el lector. Y eso es muy bueno.

La trama tampoco esta nada mal ya que representa el desazón pero lo hace con un carácter innovador. Ahora con respecto al estilo, me gustaría recalcar que este poema tuyo que leo emplea mucho del realismo, no digo que sea un poema realista, sino que más allá de la abstracción lleva el estilo y la forma del realismo al describir los hechos del contexto poético de casi una forma cronológica para finalmente darle un tono reflexivo, nostálgico y un lúgubre, ya no tan realista.


Con respecto a lo que dice jmacgar estoy yo también de acuerdo con no emplear la elipsis gramatical y agregar el “en” como lazo. Las elípticas no son buenas y siempre es bueno evitarlas para no confundir al lector. Ahora con respecto al plural de penetraran se podría entender perfectamente que hablas “de las millones agualuces (gotas de agua)” si en esos anteriores versos en vez de terminar con un punto lo haría con una coma o mejor un “;” o incluso los “…” para que la pausa sola indique continuidad con la próxima acción.


Es un gran poema, amigo, con un golpe satisfactorio que le causa al lector pensar en por qué la lluvia tiene que ser triste.

Por lo menos a mí me produjo eso, el final de tu obra.


Un abrazo grande, amigo.
 
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A veces, cuando llueve, pienso
que los ángeles usan, otra vez,
el wáter de la sala de la Tierra.
Quizás otra fiesta donde se parten
de risa con lo que ocurre en este planeta.
Los imagino meando, sonriendo
con lo que alguno de ellos ha dicho en la sala;
o mientras vomitan, porque hay días de barro,
días que caen ranas, y peces.


Algunas veces, cuando por el cristal resbala
la luz de agua
y el golpeo de las gotas me llevan
a inhalar el olor de la tierra, pienso
en un universo deshecho
al contemplar tanto martirio
y tanta belleza y esfuerzo
por no ser una mota más
de polvo inútil e inerte pululando
por el inocuo cosmos de la nada.


Pero siempre, cuando llueve, recuerdo
al niño de libros que cubre su cabeza
mientras corre y cruza y salta
las rieras y calles del barrio.


Y cuando soy tristeza y llueve, reproduzco
las tormentas, las noches
entre mantas, fiebres y temblores,
y rayos y relámpagos, y el amor
de la mano de la madre aposentada en mi frente.


La mano, dedos trazando caminos
dibujados por la lluvia en los cristales
de una ventana que resiste al mundo
y a un tiempo que ya no importa ni existe.


Luego, desnudo en el balcón,
lanzo a la pluvia
las hojas de mis poemas y veo
cómo millones de agualuces besan
y blanden como lanzas diminutas
de los ángeles borrachos de la sala de la Tierra.


Acaban en las cuencas de los ojos
de los esqueletos moribundos,
de los casi muertos.


Aunque quisiera que penetraran los áridos poros de la tierra
y germinara la polvorienta memoria reseca.

Excelentes letras amigo Evano, que me han traspolado a ese mundo de melancolía que describes . La lluvia como factor desencadenante para evocar los recuerdos . Muy bueno! Mis aplausos y un abrazo.
 
Confieso Vicente, que si hubiera sido en otro foro tras la primera estrofa no hubiera seguido leyendo tu poema. El manido tema de las meadas de los ángeles , con añadido de vómitos, pues la verdad es que no me satisfacía , francamente. Pero al ser el tensón continué con la lectura y la sorpresa para mí ha sido encontrarme con un poema excelente. Esa imagen del niño me ha transportado en el tiempo. La madre que apacigua esa lluvia de lágrimas, me ha gustado muchísimo. Los poemas lanzados contra la lluvia por entender que no son lo suficiente buenos para el poeta que se desnuda ante el mundo con sus letras, pero dejando la puerta abierta a la esperanza de que la inspiración haga germinar una poesía que trascienda y se convierta en ese bello jardín que permita descansar el espíritu del poeta, me ha cautivado. Efectivamente, es esa búsqueda de la felicidad personal, esa angustia de considerarnos esa mota de polvo inútil, la que nos hace continuar adelante.
Bueno, después de releer varias veces tu poema, no sé si esa primera estrofa buscaba ser contraste al lirismo posterior de los versos que continúan el poema.
En todo caso, me gustó tanto que te pediría si fueras tan amable me dejaras publicarlo en mi blog junto con un poema de un autor famoso y uno mío. Ya me dices.
Aplausos y abrazos poeta




A veces, cuando llueve, pienso
que los ángeles usan, otra vez,
el wáter de la sala de la Tierra.
Quizás otra fiesta donde se parten
de risa con lo que ocurre en este planeta.
Los imagino meando, sonriendo
con lo que alguno de ellos ha dicho en la sala;
o mientras vomitan, porque hay días de barro,
días que caen ranas, y peces.


Algunas veces, cuando por el cristal resbala
la luz de agua
y el golpeo de las gotas me llevan
a inhalar el olor de la tierra, pienso
en un universo deshecho
al contemplar tanto martirio
y tanta belleza y esfuerzo
por no ser una mota más
de polvo inútil e inerte pululando
por el inocuo cosmos de la nada.


Pero siempre, cuando llueve, recuerdo
al niño de libros que cubre su cabeza
mientras corre y cruza y salta
las rieras y calles del barrio.


Y cuando soy tristeza y llueve, reproduzco
las tormentas, las noches
entre mantas, fiebres y temblores,
y rayos y relámpagos, y el amor
de la mano de la madre aposentada en mi frente.


La mano, dedos trazando caminos
dibujados por la lluvia en los cristales
de una ventana que resiste al mundo
y a un tiempo que ya no importa ni existe.


Luego, desnudo en el balcón,
lanzo a la pluvia
las hojas de mis poemas y veo
cómo millones de agualuces besan
y blanden como lanzas diminutas
de los ángeles borrachos de la sala de la Tierra.


Acaban en las cuencas de los ojos
de los esqueletos moribundos,
de los casi muertos.


Aunque quisiera que penetraran los áridos poros de la tierra
y germinara la polvorienta memoria reseca.

A veces, cuando llueve, pienso
que los ángeles usan, otra vez,
el wáter de la sala de la Tierra.
Quizás otra fiesta donde se parten
de risa con lo que ocurre en este planeta.
Los imagino meando, sonriendo
con lo que alguno de ellos ha dicho en la sala;
o mientras vomitan, porque hay días de barro,
días que caen ranas, y peces.


Algunas veces, cuando por el cristal resbala
la luz de agua
y el golpeo de las gotas me llevan
a inhalar el olor de la tierra, pienso
en un universo deshecho
al contemplar tanto martirio
y tanta belleza y esfuerzo
por no ser una mota más
de polvo inútil e inerte pululando
por el inocuo cosmos de la nada.


Pero siempre, cuando llueve, recuerdo
al niño de libros que cubre su cabeza
mientras corre y cruza y salta
las rieras y calles del barrio.


Y cuando soy tristeza y llueve, reproduzco
las tormentas, las noches
entre mantas, fiebres y temblores,
y rayos y relámpagos, y el amor
de la mano de la madre aposentada en mi frente.


La mano, dedos trazando caminos
dibujados por la lluvia en los cristales
de una ventana que resiste al mundo
y a un tiempo que ya no importa ni existe.


Luego, desnudo en el balcón,
lanzo a la pluvia
las hojas de mis poemas y veo
cómo millones de agualuces besan
y blanden como lanzas diminutas
de los ángeles borrachos de la sala de la Tierra.


Acaban en las cuencas de los ojos
de los esqueletos moribundos,
de los casi muertos.


Aunque quisiera que penetraran los áridos poros de la tierra
y germinara la polvorienta memoria reseca.

 
Muy buen poema, amigo, hay algunas metáforas que son sumamente innovadoras que producen un efecto de sorpresa en el lector. Y eso es muy bueno.

La trama tampoco esta nada mal ya que representa el desazón pero lo hace con un carácter innovador. Ahora con respecto al estilo, me gustaría recalcar que este poema tuyo que leo emplea mucho del realismo, no digo que sea un poema realista, sino que más allá de la abstracción lleva el estilo y la forma del realismo al describir los hechos del contexto poético de casi una forma cronológica para finalmente darle un tono reflexivo, nostálgico y un lúgubre, ya no tan realista.


Con respecto a lo que dice jmacgar estoy yo también de acuerdo con no emplear la elipsis gramatical y agregar el “en” como lazo. Las elípticas no son buenas y siempre es bueno evitarlas para no confundir al lector. Ahora con respecto al plural de penetraran se podría entender perfectamente que hablas “de las millones agualuces (gotas de agua)” si en esos anteriores versos en vez de terminar con un punto lo haría con una coma o mejor un “;” o incluso los “…” para que la pausa sola indique continuidad con la próxima acción.


Es un gran poema, amigo, con un golpe satisfactorio que le causa al lector pensar en por qué la lluvia tiene que ser triste.

Por lo menos a mí me produjo eso, el final de tu obra.


Un abrazo grande, amigo.

Gracias Dani, por tan constructivo comentario. Creo que después de leerlos todos acabaré por mejorar los versos.

Un abrazo, amigo.

Grandioso poema; una temática
fuera de lo común y bastante conmovedora.
Saludo.

Muchas gracias, Marlene. Te mando un abrazo cordial.

Excelentes letras amigo Evano, que me han traspolado a ese mundo de melancolía que describes . La lluvia como factor desencadenante para evocar los recuerdos . Muy bueno! Mis aplausos y un abrazo.

Muchas gracias, Luviam. Te mando un abrazo.

Confieso Vicente, que si hubiera sido en otro foro tras la primera estrofa no hubiera seguido leyendo tu poema. El manido tema de las meadas de los ángeles , con añadido de vómitos, pues la verdad es que no me satisfacía , francamente. Pero al ser el tensón continué con la lectura y la sorpresa para mí ha sido encontrarme con un poema excelente. Esa imagen del niño me ha transportado en el tiempo. La madre que apacigua esa lluvia de lágrimas, me ha gustado muchísimo. Los poemas lanzados contra la lluvia por entender que no son lo suficiente buenos para el poeta que se desnuda ante el mundo con sus letras, pero dejando la puerta abierta a la esperanza de que la inspiración haga germinar una poesía que trascienda y se convierta en ese bello jardín que permita descansar el espíritu del poeta, me ha cautivado. Efectivamente, es esa búsqueda de la felicidad personal, esa angustia de considerarnos esa mota de polvo inútil, la que nos hace continuar adelante.
Bueno, después de releer varias veces tu poema, no sé si esa primera estrofa buscaba ser contraste al lirismo posterior de los versos que continúan el poema.
En todo caso, me gustó tanto que te pediría si fueras tan amable me dejaras publicarlo en mi blog junto con un poema de un autor famoso y uno mío. Ya me dices.
Aplausos y abrazos poeta

Hay ocasiones en que el lector entiende mejor la poesía que el mismo escritor. Esta es una de ellas. A mí, si he de decirle la verdad, no me convencía ni me convence el principio. Creo que lo de llover ranas y peces es un verso que suena a ripio, o mal, o no encaja; incluso los ángeles. Pero su comentario me ha dado lo que pienso es muy buena idea: cambiar los ángeles por musas, por musas que se mofan de la inspiración de un poeta (veré si lo reestructuro satisfactoriamente).

Por comentarios como los de este poema es por lo que cada vez me gusta más este foro..

Por mi encantado que lo añada a su blog.

Muchas gracias por tan positivo paso entre mis letras.

Le mando un abrazo cordial.
 
Precioso poema nos compartes. Lo iba leyendo y me sentí transportada a lugares lejanos mientras llovía y cerré los ojos y hasta pude oler la tierra húmeda. Encantada de leerte. Saludos y Bendiciones.
 
A veces, cuando llueve, pienso
que los ángeles usan, otra vez,
el wáter de la sala de la Tierra.
Quizás otra fiesta donde se parten
de risa con lo que ocurre en este planeta.
Los imagino meando, sonriendo
con lo que alguno de ellos ha dicho en la sala;
o mientras vomitan, porque hay días de barro,
días que caen ranas, y peces.


Algunas veces, cuando por el cristal resbala
la luz de agua
y el golpeo de las gotas me llevan
a inhalar el olor de la tierra, pienso
en un universo deshecho
al contemplar tanto martirio
y tanta belleza y esfuerzo
por no ser una mota más
de polvo inútil e inerte pululando
por el inocuo cosmos de la nada.


Pero siempre, cuando llueve, recuerdo
al niño de libros que cubre su cabeza
mientras corre y cruza y salta
las rieras y calles del barrio.


Y cuando soy tristeza y llueve, reproduzco
las tormentas, las noches
entre mantas, fiebres y temblores,
y rayos y relámpagos, y el amor
de la mano de la madre aposentada en mi frente.


La mano, dedos trazando caminos
dibujados por la lluvia en los cristales
de una ventana que resiste al mundo
y a un tiempo que ya no importa ni existe.


Luego, desnudo en el balcón,
lanzo a la pluvia
las hojas de mis poemas y veo
cómo millones de agualuces besan
y blanden como lanzas diminutas
de los ángeles borrachos de la sala de la Tierra.


Acaban en las cuencas de los ojos
de los esqueletos moribundos,
de los casi muertos.


Aunque quisiera que penetraran los áridos poros de la tierra
y germinara la polvorienta memoria reseca.

"Llueve y en la ventana te echo de menos", así comienza una canción que siempre me ha gustado, que trae el encanto, la monotonía y la melancolía de la lluvia. Mientras cotemplamos llover, las vida va trascurriendo y nos deja un poso... ¿dulce? ¿amargo? en el alma. Pero seguimos viendo lover.
Un abrazo. LUIS.
 
Agualuces, bien parece que la lluvia se ve según el iris con que se mira. Al leerte recordé una escena de mi niñez, cantando bajo un cielo nub,ado y despues danzando bajo la lluvia mientras mi madre sonriente nos veia por la ventana.
Me encanto tu poesía

Abrazos de aguacero!
 
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