A la luz de las velas,
la penumbra se hace cómplice,
enmarcando el hechizo
de tus ojos pardos,
en cuyo brillo,
la pasión aguarda.
Quisiera que mi lengua
fuese la del ruiseñor,
para encandilarte con mis sílabas,
para aprisionar tu corazón.
Mas me vuelvo torpe
y sólo puedo tartamudear
lo mucho que te quiero
hasta sentir dejar de respirar.
Y tú, sonríes,
con sonrisa traviesa, dulce,
que me hace ser presa
de un inesperado bienestar,
como delfín que saltase entre las olas
buscando del horizonte el fin.
la penumbra se hace cómplice,
enmarcando el hechizo
de tus ojos pardos,
en cuyo brillo,
la pasión aguarda.
Quisiera que mi lengua
fuese la del ruiseñor,
para encandilarte con mis sílabas,
para aprisionar tu corazón.
Mas me vuelvo torpe
y sólo puedo tartamudear
lo mucho que te quiero
hasta sentir dejar de respirar.
Y tú, sonríes,
con sonrisa traviesa, dulce,
que me hace ser presa
de un inesperado bienestar,
como delfín que saltase entre las olas
buscando del horizonte el fin.