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La mariée mise a nu par ses cèlibataires mème

Pessoa

Moderador Foros Surrealistas.o
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LA MARIÉE MISE À NU PAR SES CÈLIBATAIRES MÊME.


(A modo de homología escénica sobre el cuadro del mismo nombre de

Marcel Duchamp, obra suprema del dadaísmo.)




La escena representa un vacío

por el que reptan, pálidas, muy pálidas,

las venas con la sangre argéntea

de una mujer.


Lo demás es sólo un eco.

Desde el foro derecho se escuchan

latidos de un corazón cansado

o el violento crujir de cucarachas aplastadas.


Pero todo queda disuelto

en la absorbente penumbra del eco

y al espectador sólo le llegan

unos orgásmicos quejidos femeninos.


(Los siete cèlibataires en elíptica presencia,

bajo la forma de minotauros lascivos,

celebran el supremo sacrificio al que han sido convocados

sobre el púbico altar de la joven recién casada.)


Ahora el vacío se ilumina con los reflejos

de unas medias de seda, tal vez de raso,

que son lanzadas desde el piso superior.


Tales reflejos quedan como marcas indelebles

en la virginal pureza de un escaparate

que muestra los atardeceres de las estrellas marinas

a los extasiados amantes del Passage du Grand-Cerf.


Deben de ser las horas de medianoche,

cuando es más frenética la actividad

de los clowns en el Cirque D'Hiver y la écuyère

suspira por su pasada grandeza

antes de ser violentamente casada.


En impetuosa cascada entran en el marco

iluminado de la escena las palabras más lúbricas

de las que disponga el atrezzo,

palabras como albatros, zapato o circuncisión,

preferentemente de acentuación proparoxítona.


Junto a ellas, dispersas como mariposas o abejas

y como ellas brillantes, caen las ropas de la “mise a nu”;

caen como versos soñados por un poeta beodo

sobre la mesa marmórea de su última carcajada.


Poco a poco, en un diminuendo sin coda,

los miserables cèlibataires salen cargando sus culpas

como pesados contrabajos, cubiertos con mitras doradas

para disimular sus nostalgias.


Al espectador, atónito, se le ofrece el cuerpo yacente

de la mariée, para que admire la exquisita curvatura

de su vientre y las nacaradas carnaciones de sus pechos.


Quedan sobre la escena los dorados fragmentos de los élitros

de las cucarachas asesinadas y una especie de susurro,

que es el del discurrir de la sangre argéntea de la desposada

que recorre la Vía Láctea

por las pálidas, muy pálidas, venas

que la han representado.


marieepeinture.jpg
 
Grandioso poema nos comparte Pessoa bonito homenaje.

LA MARIÉE MISE À NU PAR SES CÈLIBATAIRES MÊME.


(A modo de homología escénica sobre el cuadro del mismo nombre de

Marcel Duchamp, obra suprema del dadaísmo.)




La escena representa un vacío

por el que reptan, pálidas, muy pálidas,

las venas con la sangre argéntea

de una mujer.


Lo demás es sólo un eco.

Desde el foro derecho se escuchan

latidos de un corazón cansado

o el violento crujir de cucarachas aplastadas.


Pero todo queda disuelto

en la absorbente penumbra del eco

y al espectador sólo le llegan

unos orgásmicos quejidos femeninos.


(Los siete cèlibataires en elíptica presencia,

bajo la forma de minotauros lascivos,

celebran el supremo sacrificio al que han sido convocados

sobre el púbico altar de la joven recién casada.)


Ahora el vacío se ilumina con los reflejos

de unas medias de seda, tal vez de raso,

que son lanzadas desde el piso superior.


Tales reflejos quedan como marcas indelebles

en la virginal pureza de un escaparate

que muestra los atardeceres de las estrellas marinas

a los extasiados amantes del Passage du Grand-Cerf.


Deben de ser las horas de medianoche,

cuando es más frenética la actividad

de los clowns en el Cirque D'Hiver y la écuyère

suspira por su pasada grandeza

antes de ser violentamente casada.


En impetuosa cascada entran en el marco

iluminado de la escena las palabras más lúbricas

de las que disponga el atrezzo,

palabras como albatros, zapato o circuncisión,

preferentemente de acentuación proparoxítona.


Junto a ellas, dispersas como mariposas o abejas

y como ellas brillantes, caen las ropas de la “mise a nu”;

caen como versos soñados por un poeta beodo

sobre la mesa marmórea de su última carcajada.


Poco a poco, en un diminuendo sin coda,

los miserables cèlibataires salen cargando sus culpas

como pesados contrabajos, cubiertos con mitras doradas

para disimular sus nostalgias.


Al espectador, atónito, se le ofrece el cuerpo yacente

de la mariée, para que admire la exquisita curvatura

de su vientre y las nacaradas carnaciones de sus pechos.


Quedan sobre la escena los dorados fragmentos de los élitros

de las cucarachas asesinadas y una especie de susurro,

que es el del discurrir de la sangre argéntea de la desposada

que recorre la Vía Láctea

por las pálidas, muy pálidas, venas

que la han representado.


marieepeinture.jpg
 
LA MARIÉE MISE À NU PAR SES CÈLIBATAIRES MÊME.


(A modo de homología escénica sobre el cuadro del mismo nombre de

Marcel Duchamp, obra suprema del dadaísmo.)




La escena representa un vacío

por el que reptan, pálidas, muy pálidas,

las venas con la sangre argéntea

de una mujer.


Lo demás es sólo un eco.

Desde el foro derecho se escuchan

latidos de un corazón cansado

o el violento crujir de cucarachas aplastadas.


Pero todo queda disuelto

en la absorbente penumbra del eco

y al espectador sólo le llegan

unos orgásmicos quejidos femeninos.


(Los siete cèlibataires en elíptica presencia,

bajo la forma de minotauros lascivos,

celebran el supremo sacrificio al que han sido convocados

sobre el púbico altar de la joven recién casada.)


Ahora el vacío se ilumina con los reflejos

de unas medias de seda, tal vez de raso,

que son lanzadas desde el piso superior.


Tales reflejos quedan como marcas indelebles

en la virginal pureza de un escaparate

que muestra los atardeceres de las estrellas marinas

a los extasiados amantes del Passage du Grand-Cerf.


Deben de ser las horas de medianoche,

cuando es más frenética la actividad

de los clowns en el Cirque D'Hiver y la écuyère

suspira por su pasada grandeza

antes de ser violentamente casada.


En impetuosa cascada entran en el marco

iluminado de la escena las palabras más lúbricas

de las que disponga el atrezzo,

palabras como albatros, zapato o circuncisión,

preferentemente de acentuación proparoxítona.


Junto a ellas, dispersas como mariposas o abejas

y como ellas brillantes, caen las ropas de la “mise a nu”;

caen como versos soñados por un poeta beodo

sobre la mesa marmórea de su última carcajada.


Poco a poco, en un diminuendo sin coda,

los miserables cèlibataires salen cargando sus culpas

como pesados contrabajos, cubiertos con mitras doradas

para disimular sus nostalgias.


Al espectador, atónito, se le ofrece el cuerpo yacente

de la mariée, para que admire la exquisita curvatura

de su vientre y las nacaradas carnaciones de sus pechos.


Quedan sobre la escena los dorados fragmentos de los élitros

de las cucarachas asesinadas y una especie de susurro,

que es el del discurrir de la sangre argéntea de la desposada

que recorre la Vía Láctea

por las pálidas, muy pálidas, venas

que la han representado.


marieepeinture.jpg

Bello homenaje a un cuadro de prolegomenos presenciales que en
su resplandor del vidrio dejan esencias de esa novia que se enfrenta
a sus novios entre un mecanismo que aturde frente a la impotencia
de los sentidos. magnifico. luzyabsenta
 
Mi admirado Carlos: Como sucede generalmente con tus comentarios a mis poemas, este de hoy expresa con mayor calado que mis versos la esencia del cuadro que he tratado de exponer aquí, versionado en una limitadísima escenografía demasiado tópica. Gracias por tu lectura y tu atención a mis letras.
miguel
 
Muchas gracias, Rumperl... (prefiero "el enanito saltarín", uno de los cuentos preferidos de mi ya lejana infancia :)) Me alegro que una de tus primeras visitas en este foro haya sido para un poema mío. Espero que estas visitas se repitan a menudo. Un cordial saludo,
miguel

Mi estimado camarada que bueno sería compartir tus poemas.. y también poder compartir tus comentarios en mis poemas... La poesía es el arte mas hermosa y compleja que pueda existir. Es la radiografía de tus propios sentimientos...

me llamo Carlos un gusto amigo...
 
LA MARIÉE MISE À NU PAR SES CÈLIBATAIRES MÊME.


(A modo de homología escénica sobre el cuadro del mismo nombre de

Marcel Duchamp, obra suprema del dadaísmo.)




La escena representa un vacío

por el que reptan, pálidas, muy pálidas,

las venas con la sangre argéntea

de una mujer.


Lo demás es sólo un eco.

Desde el foro derecho se escuchan

latidos de un corazón cansado

o el violento crujir de cucarachas aplastadas.


Pero todo queda disuelto

en la absorbente penumbra del eco

y al espectador sólo le llegan

unos orgásmicos quejidos femeninos.


(Los siete cèlibataires en elíptica presencia,

bajo la forma de minotauros lascivos,

celebran el supremo sacrificio al que han sido convocados

sobre el púbico altar de la joven recién casada.)


Ahora el vacío se ilumina con los reflejos

de unas medias de seda, tal vez de raso,

que son lanzadas desde el piso superior.


Tales reflejos quedan como marcas indelebles

en la virginal pureza de un escaparate

que muestra los atardeceres de las estrellas marinas

a los extasiados amantes del Passage du Grand-Cerf.


Deben de ser las horas de medianoche,

cuando es más frenética la actividad

de los clowns en el Cirque D'Hiver y la écuyère

suspira por su pasada grandeza

antes de ser violentamente casada.


En impetuosa cascada entran en el marco

iluminado de la escena las palabras más lúbricas

de las que disponga el atrezzo,

palabras como albatros, zapato o circuncisión,

preferentemente de acentuación proparoxítona.


Junto a ellas, dispersas como mariposas o abejas

y como ellas brillantes, caen las ropas de la “mise a nu”;

caen como versos soñados por un poeta beodo

sobre la mesa marmórea de su última carcajada.


Poco a poco, en un diminuendo sin coda,

los miserables cèlibataires salen cargando sus culpas

como pesados contrabajos, cubiertos con mitras doradas

para disimular sus nostalgias.


Al espectador, atónito, se le ofrece el cuerpo yacente

de la mariée, para que admire la exquisita curvatura

de su vientre y las nacaradas carnaciones de sus pechos.


Quedan sobre la escena los dorados fragmentos de los élitros

de las cucarachas asesinadas y una especie de susurro,

que es el del discurrir de la sangre argéntea de la desposada

que recorre la Vía Láctea

por las pálidas, muy pálidas, venas

que la han representado.


marieepeinture.jpg

Gran obra Poeta, artística, bastante salida de lo tradicional, me ha gustado mucho
Un abrazo mi amigo
 
LA MARIÉE MISE À NU PAR SES CÈLIBATAIRES MÊME.


(A modo de homología escénica sobre el cuadro del mismo nombre de

Marcel Duchamp, obra suprema del dadaísmo.)




La escena representa un vacío

por el que reptan, pálidas, muy pálidas,

las venas con la sangre argéntea

de una mujer.


Lo demás es sólo un eco.

Desde el foro derecho se escuchan

latidos de un corazón cansado

o el violento crujir de cucarachas aplastadas.


Pero todo queda disuelto

en la absorbente penumbra del eco

y al espectador sólo le llegan

unos orgásmicos quejidos femeninos.


(Los siete cèlibataires en elíptica presencia,

bajo la forma de minotauros lascivos,

celebran el supremo sacrificio al que han sido convocados

sobre el púbico altar de la joven recién casada.)


Ahora el vacío se ilumina con los reflejos

de unas medias de seda, tal vez de raso,

que son lanzadas desde el piso superior.


Tales reflejos quedan como marcas indelebles

en la virginal pureza de un escaparate

que muestra los atardeceres de las estrellas marinas

a los extasiados amantes del Passage du Grand-Cerf.


Deben de ser las horas de medianoche,

cuando es más frenética la actividad

de los clowns en el Cirque D'Hiver y la écuyère

suspira por su pasada grandeza

antes de ser violentamente casada.


En impetuosa cascada entran en el marco

iluminado de la escena las palabras más lúbricas

de las que disponga el atrezzo,

palabras como albatros, zapato o circuncisión,

preferentemente de acentuación proparoxítona.


Junto a ellas, dispersas como mariposas o abejas

y como ellas brillantes, caen las ropas de la “mise a nu”;

caen como versos soñados por un poeta beodo

sobre la mesa marmórea de su última carcajada.


Poco a poco, en un diminuendo sin coda,

los miserables cèlibataires salen cargando sus culpas

como pesados contrabajos, cubiertos con mitras doradas

para disimular sus nostalgias.


Al espectador, atónito, se le ofrece el cuerpo yacente

de la mariée, para que admire la exquisita curvatura

de su vientre y las nacaradas carnaciones de sus pechos.


Quedan sobre la escena los dorados fragmentos de los élitros

de las cucarachas asesinadas y una especie de susurro,

que es el del discurrir de la sangre argéntea de la desposada

que recorre la Vía Láctea

por las pálidas, muy pálidas, venas

que la han representado.


marieepeinture.jpg


Seguro que para los entendidos en arte pueda parecer una aberración lo que digo pero me quedo con tus palabras sobre la obra expuesta y remarco que las disfruto mucho más.

Un abrazo Miguel.

Palmira
 
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