musador
esperando...
Llueve, amor, ¡cómo llueve!
Ha desbordado el arroyo...:
el agua cubre los llanos,
en nuestra verde huerta
vela el espantapájaros
mirándose en el cielo
que cayó sobre mi llanto.
Una muñeca, olvidada,
quieta nada por el barro,
la biblia abierta navega
en este inmenso charco.
Llueve, amor, ¡cómo llueve!
En la olla del puchero
han anidado los sapos
y las garzas se entretienen
donde ayer fueron tus manos...
Llueve, amor, ¡cómo llueve!,
y está tan lindo el campo...
Nota. Hace pocos días acá en mi tierra muchos sufrieron la terrible pesadilla del agua entrando en sus casas, cubriendo sus sembrados... La lluvia, que es bendición muchas veces, puede ser terrible. El último verso es en recuerdo de un tío mío, Enrique Wernicke, que fue chacarero y escritor: está incluida en un cuento, «El señor cisne», en el que relata la escena de la inundación... El peor desastre y la ruina no ahogan en el hombre el sentido de la belleza, ese sentido que en este caso le da su brillo a una lágrima.
Ha desbordado el arroyo...:
el agua cubre los llanos,
en nuestra verde huerta
vela el espantapájaros
mirándose en el cielo
que cayó sobre mi llanto.
Una muñeca, olvidada,
quieta nada por el barro,
la biblia abierta navega
en este inmenso charco.
Llueve, amor, ¡cómo llueve!
En la olla del puchero
han anidado los sapos
y las garzas se entretienen
donde ayer fueron tus manos...
Llueve, amor, ¡cómo llueve!,
y está tan lindo el campo...
Nota. Hace pocos días acá en mi tierra muchos sufrieron la terrible pesadilla del agua entrando en sus casas, cubriendo sus sembrados... La lluvia, que es bendición muchas veces, puede ser terrible. El último verso es en recuerdo de un tío mío, Enrique Wernicke, que fue chacarero y escritor: está incluida en un cuento, «El señor cisne», en el que relata la escena de la inundación... El peor desastre y la ruina no ahogan en el hombre el sentido de la belleza, ese sentido que en este caso le da su brillo a una lágrima.
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