Ruben Begega Linares
Poeta recién llegado
Dónde estabas anoche, hermoso sueño de verano,
Esperé tu presencia, como siempre, acostado,
Desde el mundo onírico, te llamé, desgarrado,
No podía llegar a sentir, tu mano sobre mi mano,
Iniciando un viaje, por mundos olvidados,
Al fin te pude ver, a lo lejos, me siento extraño,
Angustia contenida, por llegar raudo a tu lado,
Sólo tu espalda veía, demasiado lejos, cansado,
Lanzando al viento tú nombre, al punto de gritarlo,
No puedo entender por qué, aún me sigues ignorando,
Crece el ansia, la decepción, la impotencia, el enfado,
Mi corazón se encoge, por puño de hierro agarrado,
No me rindo, cada vez estoy más y más cansado,
Saco fuerzas de la nada, siento el paso muy pesado,
Falta el aire circundante, quizá me esté ahogando,
No puedes verme, algo debe de estar fallando,
Con mucho esfuerzo, al fin llegué a tu lado,
Al tocar tu hombro, me miraste con semblante raro,
Entornaste los ojos, en tu cara se dibujó un gran enfado,
¿Dónde te habías metido?, ¿Por qué tan tarde has llegado?
Con lo puntual que siempre eres, ya me estás cabreando,
Recuerdo mi asombro, al recibir tan grande impacto,
Agarrarme de la mano, y terminar con un seco, ¡vamos!
Desperté casi de golpe, bastante conmocionado,
Una enorme sonrisa apareció, ¡que milagro!,
No importa el camino, ni siquiera el resultado,
Empiezo el día alegre, al final, sí que había llegado.
Esperé tu presencia, como siempre, acostado,
Desde el mundo onírico, te llamé, desgarrado,
No podía llegar a sentir, tu mano sobre mi mano,
Iniciando un viaje, por mundos olvidados,
Al fin te pude ver, a lo lejos, me siento extraño,
Angustia contenida, por llegar raudo a tu lado,
Sólo tu espalda veía, demasiado lejos, cansado,
Lanzando al viento tú nombre, al punto de gritarlo,
No puedo entender por qué, aún me sigues ignorando,
Crece el ansia, la decepción, la impotencia, el enfado,
Mi corazón se encoge, por puño de hierro agarrado,
No me rindo, cada vez estoy más y más cansado,
Saco fuerzas de la nada, siento el paso muy pesado,
Falta el aire circundante, quizá me esté ahogando,
No puedes verme, algo debe de estar fallando,
Con mucho esfuerzo, al fin llegué a tu lado,
Al tocar tu hombro, me miraste con semblante raro,
Entornaste los ojos, en tu cara se dibujó un gran enfado,
¿Dónde te habías metido?, ¿Por qué tan tarde has llegado?
Con lo puntual que siempre eres, ya me estás cabreando,
Recuerdo mi asombro, al recibir tan grande impacto,
Agarrarme de la mano, y terminar con un seco, ¡vamos!
Desperté casi de golpe, bastante conmocionado,
Una enorme sonrisa apareció, ¡que milagro!,
No importa el camino, ni siquiera el resultado,
Empiezo el día alegre, al final, sí que había llegado.