SebastiánAdrovéz
Poeta recién llegado
Desato, oh mujer, mis ojos en ti
quebrando con cada mirada afilada
una a una las aprensiones fugaces
de un espíritu en éxtasis
ves como prolongo mi mano en tu pecho
y escuchas como las olas de mis dedos penetran en tu piel
impregnadas del viento que mi corazón expele
las luces, pequeños astros, alcanzan nuestras sombras
sumergiendo sus relucientes cabezas dentro de esa oscura confidencialidad.
La luna nos observa con recelo
y dudosas las flores de nuestra acción están
jugamos con fuego, corazón, al borde del abismo
quemamos el cuarto con nuestro amor infernal
fríos, del hastío nos hacemos adictos
bebiendo nuestra sangre revuelta en alaridos.
Me embriago de tu cuerpo
y caigo en la profundidad de tus ojos desidiosos
descuidados por la luna
amparados por los astros más brillantes
que hipnotizan mi soledad, torturada de desdén
Finalmente, alojo en los besos de tu cuello
que actúan de augurio para nuestra muerte.
quebrando con cada mirada afilada
una a una las aprensiones fugaces
de un espíritu en éxtasis
ves como prolongo mi mano en tu pecho
y escuchas como las olas de mis dedos penetran en tu piel
impregnadas del viento que mi corazón expele
las luces, pequeños astros, alcanzan nuestras sombras
sumergiendo sus relucientes cabezas dentro de esa oscura confidencialidad.
La luna nos observa con recelo
y dudosas las flores de nuestra acción están
jugamos con fuego, corazón, al borde del abismo
quemamos el cuarto con nuestro amor infernal
fríos, del hastío nos hacemos adictos
bebiendo nuestra sangre revuelta en alaridos.
Me embriago de tu cuerpo
y caigo en la profundidad de tus ojos desidiosos
descuidados por la luna
amparados por los astros más brillantes
que hipnotizan mi soledad, torturada de desdén
Finalmente, alojo en los besos de tu cuello
que actúan de augurio para nuestra muerte.
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