Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
son mis dedos, no yo ni mi cordura loca,
ni el aroma ni el calor ni el hueco que dejaste
en la cama quien despierta de noche por la
madrugada las más inquietantes fantasías,
no es el tic tac sin compás de las venas de tu cuerpo
que obligaban a tu piel de color y aroma de canela
a erizarse desde el fondo de tu ser hasta la punta de
tus casi invisibles vellos que en mis manos despertaban
en tu espalda,
ni la vela que el recuerdo de tu rostro ilumina
las noches de aullarle a la luna mientras
el insomnio se alimenta de mis uñas,
no es tu inteligencia a prueba de azares ni respuestas
sin preguntas lo que extraño, ni tu mano entrelazada
con la mía adentro de la bolsa en la chamarra aquella
tarde sin luceros cuando caminamos sin palabras las
calles que llevaban a la casa,
no es la fantasía de tu mirada de acertijo perdida en el
horizonte con tus manos apoyadas en tu cara mientras
yo enredaba en mi mente esa estampa que aún guardo
en la cabeza con las ganas de enseñarle a las perversiones
que son leña seca en espera de aquel viento que al
momento de apiadarse las abrase.
Son mis dedos, corrupción de oraciones y pecados,
los que se sienten solos como el polvo que araña las
costillas de los libros en los anaqueles, como las hojas
llenas de poesía en el cesto de la esquina, como grano
de sal sobre la mesa,
solos, hundido en el fondo de la chistera del gran mago
que perdió su magia, sin tu mano, sin ninguna suerte,
sin hilos que los muevan o los aten a sus nudos y a tu
cuerpo y alma a éste lado de la vida, a éste ancho lado
de mis noches, al roce de mis perversiones …
Due 14agosto2015 en una noche en la que la noche deja que sus nubes arañen el cristal de la ventana con todo y la imagen de su ser mirando mi horizonte…
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