Andrea Ira
Poeta asiduo al portal
De pronto,
nuestra cálida armonía me avisa:
al fin estamos solos.
Quisiera contarte de una vez
mi pasión entera,
insoportable compañera
de estos momentos soleados:
"en este instante se concentra
la vida nuestra"
y no habrá otro adecuado.
Pero es esta maldita lengua
la que de repente frena
el sentimiento más desnudado;
incómoda se encuentra
por su secreto afligido
son mis ojos alarmados
los que intentan decírtelo,
abriendo y cerrando los labios.
Y cuando menos lo espero
tu mirada se extraña y me busca;
tu boca separa su línea,
indeseable escucho la duda.
¿Porque mis deseos se escucharon tan fuertes?
¡Hubiera sido mejor retenerlos
para otro día!
¿Y ahora?
ninguna canción, ninguna rima
me han entrenado para confesar
que tu alegría es la mía;
ni siquiera una señal,
ni siquiera una guía...
A. Ira
nuestra cálida armonía me avisa:
al fin estamos solos.
Quisiera contarte de una vez
mi pasión entera,
insoportable compañera
de estos momentos soleados:
"en este instante se concentra
la vida nuestra"
y no habrá otro adecuado.
Pero es esta maldita lengua
la que de repente frena
el sentimiento más desnudado;
incómoda se encuentra
por su secreto afligido
son mis ojos alarmados
los que intentan decírtelo,
abriendo y cerrando los labios.
Y cuando menos lo espero
tu mirada se extraña y me busca;
tu boca separa su línea,
indeseable escucho la duda.
¿Porque mis deseos se escucharon tan fuertes?
¡Hubiera sido mejor retenerlos
para otro día!
¿Y ahora?
ninguna canción, ninguna rima
me han entrenado para confesar
que tu alegría es la mía;
ni siquiera una señal,
ni siquiera una guía...
A. Ira