musador
esperando...
Creo que viene llegando
nuestra hora de hacer balance,
algunas cosas se han visto
que revelan las verdades.
Varias cosas sorprendentes
si se las mira en detalle,
pero reflejos del mundo,
que no otra cosa les cabe.
La costumbre del elogio
desmedido y rimbombante
que al humilde ruboriza
y solo al tonto complace,
elogio que pareciera
escrito por el que aplaude
con destino en el espejo
y menester reflejarse.
También hubo quienes fueron
predicándonos las paces
con los hábitos del monje
que a los monjes nunca hacen,
sabiendo que sus denuncias
envueltas en ese traje
serían bien recibidas
por algunos miserables.
Hubo quienes nos dijeron
que en la poesía no cabe
ser sinceros ni ser claros,
ni decir lo que nos place,
y que para ello recurren
a los versos lamentables
haciendo de su pobreza
el más vergonzoso alarde.
Hubo también carroñeros
que al menor olor a sangre
acudieron presurosos
buscando donde saciarse,
cobrándose viejas deudas
o muy antiguos desaires
en las tripas del herido
que a mermelada les saben.
Hubo quienes generosos
hicieron lo que ellos saben
poner sus versos sentidos
con un poco de picante,
mi gratitud para ellos
que vinieron a este baile
sin saber que los cuchillos
destellaban con su hambre.
Hubo quienes con ingenio
del verso hicieron alarde
pero en el humor fallaron
por no saber aguantarse
las pullas que recibieron
con un poco de donaire.
Algunos también, como no,
sin temor a los desplantes,
tratamos de que el festejo
fuera bueno y de los grandes,
con excesos, si los hubo,
de eso no se salva nadie,
pero dando a la payada
el tono de las de antes.
Un comentario final
de un asunto interesante:
¿será que viene la crítica
en el mismísimo envase
con el humor y la sátira,
con la payada y el cante?
En esta instancia eso hubo
ninguna duda me cabe.
Un fracaso fue el festejo,
no negaré lo palpable,
si al errar humano se es,
humano soy, ya se sabe;
me dijeron timonel...:
que quien pueda que se salve
del naufragio al que he llevado
los destinos de la nave,
con sus restos yo me hundo
dejando solo un mensaje:
aprended a ser amigos
con la verdad como alarde:
triunfa a veces la mentira,
dejadla nomás que gane.
nuestra hora de hacer balance,
algunas cosas se han visto
que revelan las verdades.
Varias cosas sorprendentes
si se las mira en detalle,
pero reflejos del mundo,
que no otra cosa les cabe.
La costumbre del elogio
desmedido y rimbombante
que al humilde ruboriza
y solo al tonto complace,
elogio que pareciera
escrito por el que aplaude
con destino en el espejo
y menester reflejarse.
También hubo quienes fueron
predicándonos las paces
con los hábitos del monje
que a los monjes nunca hacen,
sabiendo que sus denuncias
envueltas en ese traje
serían bien recibidas
por algunos miserables.
Hubo quienes nos dijeron
que en la poesía no cabe
ser sinceros ni ser claros,
ni decir lo que nos place,
y que para ello recurren
a los versos lamentables
haciendo de su pobreza
el más vergonzoso alarde.
Hubo también carroñeros
que al menor olor a sangre
acudieron presurosos
buscando donde saciarse,
cobrándose viejas deudas
o muy antiguos desaires
en las tripas del herido
que a mermelada les saben.
Hubo quienes generosos
hicieron lo que ellos saben
poner sus versos sentidos
con un poco de picante,
mi gratitud para ellos
que vinieron a este baile
sin saber que los cuchillos
destellaban con su hambre.
Hubo quienes con ingenio
del verso hicieron alarde
pero en el humor fallaron
por no saber aguantarse
las pullas que recibieron
con un poco de donaire.
Algunos también, como no,
sin temor a los desplantes,
tratamos de que el festejo
fuera bueno y de los grandes,
con excesos, si los hubo,
de eso no se salva nadie,
pero dando a la payada
el tono de las de antes.
Un comentario final
de un asunto interesante:
¿será que viene la crítica
en el mismísimo envase
con el humor y la sátira,
con la payada y el cante?
En esta instancia eso hubo
ninguna duda me cabe.
Un fracaso fue el festejo,
no negaré lo palpable,
si al errar humano se es,
humano soy, ya se sabe;
me dijeron timonel...:
que quien pueda que se salve
del naufragio al que he llevado
los destinos de la nave,
con sus restos yo me hundo
dejando solo un mensaje:
aprended a ser amigos
con la verdad como alarde:
triunfa a veces la mentira,
dejadla nomás que gane.