Mary Mura
Poeta veterano en el portal
Amor inalcanzable
Mirando tras la verja
cubierta de enredadera.
Esperabas que la niña
pasara por la vereda.
Era su pelo tan rubio
que se te hacia un trigal.
Tan azules son sus ojos
que se asemejan al mar.
Nunca al pasar te miraba
ni detenía su andar.
Pero de solo mirarla
te ponías a temblar.
Así tus ojos se ataban
a la figura anhelada.
Hasta que ella se perdía
transformándose en la nada.
Era hija del patrón
de la estancia en que vivías.
Tu padre solo era el peón
que de ellos dependía.
Joven amor imposible
el que albergabas en tu pecho.
Ella nunca ha de mirar
a tu corazón desecho.
Todo el mundo aconsejaba
¡La niña no es para voz!
Pero el amor que despierta
no mira la condición.
Así pasarás el tiempo
viendo a tu amada pasar.
Si no puedes ser amado
tu amor también morirá.
Mirando tras la verja
cubierta de enredadera.
Esperabas que la niña
pasara por la vereda.
Era su pelo tan rubio
que se te hacia un trigal.
Tan azules son sus ojos
que se asemejan al mar.
Nunca al pasar te miraba
ni detenía su andar.
Pero de solo mirarla
te ponías a temblar.
Así tus ojos se ataban
a la figura anhelada.
Hasta que ella se perdía
transformándose en la nada.
Era hija del patrón
de la estancia en que vivías.
Tu padre solo era el peón
que de ellos dependía.
Joven amor imposible
el que albergabas en tu pecho.
Ella nunca ha de mirar
a tu corazón desecho.
Todo el mundo aconsejaba
¡La niña no es para voz!
Pero el amor que despierta
no mira la condición.
Así pasarás el tiempo
viendo a tu amada pasar.
Si no puedes ser amado
tu amor también morirá.