Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
…
Un clamor nocturno se cuela
en medio de esta tranquilidad
que aparento,
como si fuera un destello
fugado de la luna,
como si fuera una lámpara
fantasma,
que viene a iluminar
las páginas de tu libro en blanco.
Un clamor hecho de voces
que no conozco,
naciente mar furioso
que amenaza mis costas
e inquieta a mis barcos,
¿acaso eres tú que vienes
nuevamente a visitar
mi quebranto?
Ya no te reconozco
y tus pasos me asustan,
queda llegaste,
como si fueras una sombra
brillante.
En medio de estas ruinas
un gran señor vivió antes,
este valle se levanto en sus manos,
cada piedra y cada sierpe
germino bajo su alegre canto.
Eran tiempos celestes
eran tiempos nacientes
bajo la gran luna del este,
eran alboradas interminables
y noches adornadas
por unos amados ojos verdes,
nacer,
podía todo
sobre estos paramos
donde dos enamorados
contenían el mundo
en el roce de sus manos.
Ahora vienes a susurrarme
a traición cosas que ya no existen,
a recordarme mañanas que se extinguieron,
a recorrer estos bosques secos
donde las noches no mueren
ni las mañanas nacen,
clamor nocturno,
como si fueras una lámpara fantasma
vienes a iluminar las paginas
de su libro en blanco,
ya no te reconozco
y tus pasos me asustan,
vete con tus extrañas voces
a otra parte,
no perturbes mi tranquilidad
aparente,
quedo como llegaste
ahora tienes que irte.
…
Un clamor nocturno se cuela
en medio de esta tranquilidad
que aparento,
como si fuera un destello
fugado de la luna,
como si fuera una lámpara
fantasma,
que viene a iluminar
las páginas de tu libro en blanco.
Un clamor hecho de voces
que no conozco,
naciente mar furioso
que amenaza mis costas
e inquieta a mis barcos,
¿acaso eres tú que vienes
nuevamente a visitar
mi quebranto?
Ya no te reconozco
y tus pasos me asustan,
queda llegaste,
como si fueras una sombra
brillante.
En medio de estas ruinas
un gran señor vivió antes,
este valle se levanto en sus manos,
cada piedra y cada sierpe
germino bajo su alegre canto.
Eran tiempos celestes
eran tiempos nacientes
bajo la gran luna del este,
eran alboradas interminables
y noches adornadas
por unos amados ojos verdes,
nacer,
podía todo
sobre estos paramos
donde dos enamorados
contenían el mundo
en el roce de sus manos.
Ahora vienes a susurrarme
a traición cosas que ya no existen,
a recordarme mañanas que se extinguieron,
a recorrer estos bosques secos
donde las noches no mueren
ni las mañanas nacen,
clamor nocturno,
como si fueras una lámpara fantasma
vienes a iluminar las paginas
de su libro en blanco,
ya no te reconozco
y tus pasos me asustan,
vete con tus extrañas voces
a otra parte,
no perturbes mi tranquilidad
aparente,
quedo como llegaste
ahora tienes que irte.
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