Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me anima el corazón el alma mía,
su anhelo celestial, mi Dios gigante…;
me deja el corazón tan deslumbrante
que en todo se hace luz y melodía.
El fuego de su ardor me forja el día
en una exaltación de amor constante;
me roza el corazón su beso amante
volviéndose futuro y todavía.
El alma me fecunda la conciencia
preñándome de flores pecho y frente
en este instante azul de la existencia…
Me anima el corazón un Sol silente
-en la Inmortalidad de su presencia-
latiendo en mi costado… dulcemente.
su anhelo celestial, mi Dios gigante…;
me deja el corazón tan deslumbrante
que en todo se hace luz y melodía.
El fuego de su ardor me forja el día
en una exaltación de amor constante;
me roza el corazón su beso amante
volviéndose futuro y todavía.
El alma me fecunda la conciencia
preñándome de flores pecho y frente
en este instante azul de la existencia…
Me anima el corazón un Sol silente
-en la Inmortalidad de su presencia-
latiendo en mi costado… dulcemente.