Abrahám Emilio
Emilio.
Y yo te habré conocido en mi niñez
y con el tiempo serán diferentes nuestros cuerpos
yo, sabio afectado por sentimientos de aquella mujer
pensando que fue hecha para un amante de versos.
Seguirá el tiempo avanzando,
mi amistad será esencia amorosa
que me conducirá a ella, pero dudando
pero la realidad será otra cosa.
Una nueva señorita de muchos amigos
y yo resentido con mi soledad
estará riéndose con ellos y no conmigo
y le pediré un segundo de su tiempo por piedad.
En las tardes ella me ira contando
que los besos del amor la apasionan
pensaré que nada vale mi cariño
y jamás le diré que la he amado
y en cada historia sentiré
los celos que nunca perdonan.
Me iré de aquel lugar para olvidarla
de vez en cuando le dedicare una carta
donde mentiré sinfín de palabras
pero mentir será condenarme
y sabré pronto que otro mejor que yo vino
ese que solo la quiere para amarla.
Algunos años regresaré todavía ilusionado
saldrá ella, todavía muy bella
recordándola de los tiempos pasados
se formará una sonrisa en mi rostro
pero ella no me reconocerá,
le saludaré y con gesto de sorpresa
me vera, pero de mí, no se acordará.
Me enteraré pronto que se casó,
los escalofríos y golpes negaran esa realidad
con lágrimas veré el mundo perdido
pensaré que nada es de verdad
soñaré con ella y al despertar no estará conmigo
aceptaré que se casó con él para la eternidad.
Caminaré por calles pálidas y melancólicas
de estrellas brillantes y tono azul
Y en cada sitio la veré allí cuando era niña
de faz infantil para disfrutar la vida.
Ganaré todo:
tendré fortuna,
Diplomado, licenciado
Becado con honores y más
aunque con un vacío en el fondo
será un desconsuelo que no tiene cura
seré el rey, pero seré sordo
solo oiré las palabras de aquella dama.
Estaré en el día en un palacio… y en la noche
arrodillado, empobrecido, postrado en su puerta;
no importará nada, el dinero que importa
será valiosa la pobreza y su mirada.
Su hijo… irá creciendo, será feliz
ira madurando… y yo, anciano seré su amigo
aunque sin esperanzas de vivir
y en mis lamentos diré: ¡olvidarte no consigo!
Y desearé de una vez morir.
En una década el mundo cambiará a su favor
y quedaré vacio en desamor
clamando solo a su nombre
pensando que el mundo es injusto
pero verla feliz, será mi felicidad
y a la vez mi locura y susto.
Yo en poco tiempo no estaré
habrá muerto mi cuerpo
pero mi espíritu la esperará
y tendré la esperanza que
al morir a ella me uniré
pues así nadie la amará.
Mi último día será solo para ella
pensaré solo en esa persona
y ya no habrá nada más que lágrimas
pensaré que nunca fue para mí
y al amanecer ya no estaré allí.
Pero al morir miles de cartas aparecerán
durante sesenta años una carta escrita por día
donde dirá mi amor y mi melancolía
y ella al leerla su alma perecerá
y se dará cuenta de lo que fue en mi vida.
Terminará tal vez, sintiendo lo mismo
porque esas palabras la harán caer en el abismo
ese mismo que toda la vida sufrí
y ya no estaré allí
porque de esa vida me fui.
Quizá algún día su alma me acompañe
y no sea como en vida
no creo que su alma me dañe,
ahora la vida es consentida
y la muerte por fin nos engañe.
Seremos ángeles
de un inmenso amor escondido
y siempre será así
aunque en vida haya padecido
y siempre ella haya sonreído
y por fin al terminar la vida esté conmigo
aquí feliz con ella a mi lado
tal vez, ese sea nuestro destino.
y con el tiempo serán diferentes nuestros cuerpos
yo, sabio afectado por sentimientos de aquella mujer
pensando que fue hecha para un amante de versos.
Seguirá el tiempo avanzando,
mi amistad será esencia amorosa
que me conducirá a ella, pero dudando
pero la realidad será otra cosa.
Una nueva señorita de muchos amigos
y yo resentido con mi soledad
estará riéndose con ellos y no conmigo
y le pediré un segundo de su tiempo por piedad.
En las tardes ella me ira contando
que los besos del amor la apasionan
pensaré que nada vale mi cariño
y jamás le diré que la he amado
y en cada historia sentiré
los celos que nunca perdonan.
Me iré de aquel lugar para olvidarla
de vez en cuando le dedicare una carta
donde mentiré sinfín de palabras
pero mentir será condenarme
y sabré pronto que otro mejor que yo vino
ese que solo la quiere para amarla.
Algunos años regresaré todavía ilusionado
saldrá ella, todavía muy bella
recordándola de los tiempos pasados
se formará una sonrisa en mi rostro
pero ella no me reconocerá,
le saludaré y con gesto de sorpresa
me vera, pero de mí, no se acordará.
Me enteraré pronto que se casó,
los escalofríos y golpes negaran esa realidad
con lágrimas veré el mundo perdido
pensaré que nada es de verdad
soñaré con ella y al despertar no estará conmigo
aceptaré que se casó con él para la eternidad.
Caminaré por calles pálidas y melancólicas
de estrellas brillantes y tono azul
Y en cada sitio la veré allí cuando era niña
de faz infantil para disfrutar la vida.
Ganaré todo:
tendré fortuna,
Diplomado, licenciado
Becado con honores y más
aunque con un vacío en el fondo
será un desconsuelo que no tiene cura
seré el rey, pero seré sordo
solo oiré las palabras de aquella dama.
Estaré en el día en un palacio… y en la noche
arrodillado, empobrecido, postrado en su puerta;
no importará nada, el dinero que importa
será valiosa la pobreza y su mirada.
Su hijo… irá creciendo, será feliz
ira madurando… y yo, anciano seré su amigo
aunque sin esperanzas de vivir
y en mis lamentos diré: ¡olvidarte no consigo!
Y desearé de una vez morir.
En una década el mundo cambiará a su favor
y quedaré vacio en desamor
clamando solo a su nombre
pensando que el mundo es injusto
pero verla feliz, será mi felicidad
y a la vez mi locura y susto.
Yo en poco tiempo no estaré
habrá muerto mi cuerpo
pero mi espíritu la esperará
y tendré la esperanza que
al morir a ella me uniré
pues así nadie la amará.
Mi último día será solo para ella
pensaré solo en esa persona
y ya no habrá nada más que lágrimas
pensaré que nunca fue para mí
y al amanecer ya no estaré allí.
Pero al morir miles de cartas aparecerán
durante sesenta años una carta escrita por día
donde dirá mi amor y mi melancolía
y ella al leerla su alma perecerá
y se dará cuenta de lo que fue en mi vida.
Terminará tal vez, sintiendo lo mismo
porque esas palabras la harán caer en el abismo
ese mismo que toda la vida sufrí
y ya no estaré allí
porque de esa vida me fui.
Quizá algún día su alma me acompañe
y no sea como en vida
no creo que su alma me dañe,
ahora la vida es consentida
y la muerte por fin nos engañe.
Seremos ángeles
de un inmenso amor escondido
y siempre será así
aunque en vida haya padecido
y siempre ella haya sonreído
y por fin al terminar la vida esté conmigo
aquí feliz con ella a mi lado
tal vez, ese sea nuestro destino.
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