alexander akerman
Poeta recién llegado
Los Dos
Eres tan pequeña y frágil rosa de primavera;
te esperaba con ansiedad en aquella cima que da vista al horizonte,
mientras te esperaba, mi pensamiento se fijó en lo que par mi existencia eres,
consumidos en nuestro propio oprobio, pecado de nuestro olvidado consiente.
Nos extinguimos en nuestro propio fuego que no nos dejaba respirar,
entrelazados con nuestro propio aliento que no nos dejaba ni tan siquiera hablar,
olvidados en tierra de nadie sin que el mundo nos pueda encontrar,
tan eternos en nuestro sentimiento sin que pudiéramos razonar.
Eres tan pequeña y frágil rosa de primavera;
te esperaba con ansiedad en aquella cima que da vista al horizonte,
mientras te esperaba, mi pensamiento se fijó en lo que par mi existencia eres,
consumidos en nuestro propio oprobio, pecado de nuestro olvidado consiente.
Nos extinguimos en nuestro propio fuego que no nos dejaba respirar,
entrelazados con nuestro propio aliento que no nos dejaba ni tan siquiera hablar,
olvidados en tierra de nadie sin que el mundo nos pueda encontrar,
tan eternos en nuestro sentimiento sin que pudiéramos razonar.