Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
El cuerpo húmedo, por el calor del libido verano.
La tuve desnuda y sudada, de pronto en mis secretos.
soporosa de deseos como el jazmín y mi mano
inundada de mis besos, inundada de sonetos .
Respira y golpea su exhalación, mis dos grandes pechos,
que prohibidas estas horas, nada me ha sido tan tierno .
La abordé deliciosa tarde en los jardines estrechos,
luego animal y desmedida , en mi entrepierna el infierno.
Cuando nadie la acompañe, en nuestro gran reino de alcoba,
ella deseara el olvido, desvaneciendo esta hora,
arrepentida y celosa del aullido de la loba ,
porque enclave en su cintura, el gran placer que la devora .
Que dulce y que caliente su blanca espalda y su pecado,
le abrace sueños por la noche sus muslos desgranando,
mi boca fue la copa donde vació lo deseado,
que aunque nunca vuelva a verla , me seguirá pensando.
Devoré maduros, sus dos lindos pechos y su cuello,
y la anclé perfecta a mi vientre, botón de frescas flores ,
su ombligo entre gemidos, fue entre mis labios lo mas bello,
se que pude evitarlo, pero al fin cedí, a sus amores
y el cierre de su vestido ,desgarre desesperada,
porque aquella tarde tibia, por los jardines hermosa,
con su boca roja, de besos sabrosos y granada,
me lleno los labios el cuerpo y el alma con su rosa .
La tuve desnuda y sudada, de pronto en mis secretos.
soporosa de deseos como el jazmín y mi mano
inundada de mis besos, inundada de sonetos .
Respira y golpea su exhalación, mis dos grandes pechos,
que prohibidas estas horas, nada me ha sido tan tierno .
La abordé deliciosa tarde en los jardines estrechos,
luego animal y desmedida , en mi entrepierna el infierno.
Cuando nadie la acompañe, en nuestro gran reino de alcoba,
ella deseara el olvido, desvaneciendo esta hora,
arrepentida y celosa del aullido de la loba ,
porque enclave en su cintura, el gran placer que la devora .
Que dulce y que caliente su blanca espalda y su pecado,
le abrace sueños por la noche sus muslos desgranando,
mi boca fue la copa donde vació lo deseado,
que aunque nunca vuelva a verla , me seguirá pensando.
Devoré maduros, sus dos lindos pechos y su cuello,
y la anclé perfecta a mi vientre, botón de frescas flores ,
su ombligo entre gemidos, fue entre mis labios lo mas bello,
se que pude evitarlo, pero al fin cedí, a sus amores
y el cierre de su vestido ,desgarre desesperada,
porque aquella tarde tibia, por los jardines hermosa,
con su boca roja, de besos sabrosos y granada,
me lleno los labios el cuerpo y el alma con su rosa .
Última edición: