Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desearía haber tenido la valentía
para mostrarte lo que mi indiferencia escondía.
Para confiar en los pasos se mantenían
en la sombra de los tuyos.
Para no haber sentido miedo cuando
miré a las fauces de los días me alejaban de ti.
Para gritarle de frente al espacio
que ya se estaba creando entre nosotros.
Haber tenido el coraje para decirte
que escogieras el lugar del planeta
donde podríamos escondernos de ese mundo
que nunca se atrevió a buscarnos.
Haber tenido la fuerza para crear una metáfora
lo suficientemente resistente para contenernos a ambos.
Para crear un espacio donde el miedo que sentías
se transformara en el hambre y la sed que habías olvidado.
Haber sido más sabio para decir las palabras precisas
para protegerte de eso que no conocíamos por su nombre
pero que identificábamos al momento de sentirlo.
Haber tenido la fe suficiente para hacerte saber
que aquello que nos robaron no puede ser utilizado
en nuestra contra y no podrá ser vendido.
La felicidad suficiente para decirte
que nuestra condición ya no es un exilio
y que el aire que antes te lastimaba
ahora es el viento que te pide que me abraces.
La serenidad suficiente para darme cuenta
de que no eres quien yo esperaba
sino el producto de saber que nunca necesité de búsquedas.
La vida suficiente para hacerte sentir que ese nunca
que me pedías estaba a nuestro alcance
en un jardín donde lo que nace no perece.
Para decirte que aunque ya estabas por marcharte
nunca te irías.
para mostrarte lo que mi indiferencia escondía.
Para confiar en los pasos se mantenían
en la sombra de los tuyos.
Para no haber sentido miedo cuando
miré a las fauces de los días me alejaban de ti.
Para gritarle de frente al espacio
que ya se estaba creando entre nosotros.
Haber tenido el coraje para decirte
que escogieras el lugar del planeta
donde podríamos escondernos de ese mundo
que nunca se atrevió a buscarnos.
Haber tenido la fuerza para crear una metáfora
lo suficientemente resistente para contenernos a ambos.
Para crear un espacio donde el miedo que sentías
se transformara en el hambre y la sed que habías olvidado.
Haber sido más sabio para decir las palabras precisas
para protegerte de eso que no conocíamos por su nombre
pero que identificábamos al momento de sentirlo.
Haber tenido la fe suficiente para hacerte saber
que aquello que nos robaron no puede ser utilizado
en nuestra contra y no podrá ser vendido.
La felicidad suficiente para decirte
que nuestra condición ya no es un exilio
y que el aire que antes te lastimaba
ahora es el viento que te pide que me abraces.
La serenidad suficiente para darme cuenta
de que no eres quien yo esperaba
sino el producto de saber que nunca necesité de búsquedas.
La vida suficiente para hacerte sentir que ese nunca
que me pedías estaba a nuestro alcance
en un jardín donde lo que nace no perece.
Para decirte que aunque ya estabas por marcharte
nunca te irías.