Recuerdo que hubo un tiempo que todo era esplendor
y en verde primavera mi verso hizo su nido;
a veces me pregunto, ¿cómo pude olvidar
que una vez tuvo eco este verso vacio
y a una playa lejana le llegaba mi voz
como una queja amarga, como un pájaro herido,
y en su arena mi huella se quiso perpetuar?
Carente de su esencia, hoy vaga el verso mío.
¡Que me invada ese duende, que mi verso arrebate!,
¡que derrita este invierno con su fuego encendido!
y esta larga sequía, esta sed insaciable,
la calmé de las fuentes donde siempre ha bebido.
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