Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
El terso timbre de tu voz
acaricia las palabras
como sosteniendo
la dulzura del trino
optimista del ruiseñor.
En ella la sordera se convence como eco difuso
y, leve que el temblar melodía de sonata temprana.
Anuncia trovador recitando respuestas,
escondidas dentro de corazas de ritmo y percusión.
La belleza escribe partituras de viveza que no se pronuncia.
Asciende como velo herido
en el horizonte disgregándose
donde sella
la ligereza que le sirve
Plomada de muro
a los pájaros del jabonoso brillo de su cante,
que con su cortejo,
hacen que la dureza de los días
olviden la fiera del invierno,
en un desliz de la naturaleza que promueve
sus orgías sonoras
sin que la sordera.
del mundo
pueda callar lo que una mañana cualquiera
ocurre en el sótano de mi casa.
Los,ruiseñores en su jaula
Pronunciando la apertura
de la entraña rota de la tierra.
Óperas de cantores,sirven de melodía,
al recitar de la alondra, cobija su pestañeo, con brillos de cuerdas de sol
adentrándose por la ventana, y ese fotograma, me hace abrir los barrotes de tu
jaula.
Nadie más escucha,
este melodioso brio de
tu voz que muere en la cavidad,
tersada de seda,
dentro de una mano pequeña.
acaricia las palabras
como sosteniendo
la dulzura del trino
optimista del ruiseñor.
En ella la sordera se convence como eco difuso
y, leve que el temblar melodía de sonata temprana.
Anuncia trovador recitando respuestas,
escondidas dentro de corazas de ritmo y percusión.
La belleza escribe partituras de viveza que no se pronuncia.
Asciende como velo herido
en el horizonte disgregándose
donde sella
la ligereza que le sirve
Plomada de muro
a los pájaros del jabonoso brillo de su cante,
que con su cortejo,
hacen que la dureza de los días
olviden la fiera del invierno,
en un desliz de la naturaleza que promueve
sus orgías sonoras
sin que la sordera.
del mundo
pueda callar lo que una mañana cualquiera
ocurre en el sótano de mi casa.
Los,ruiseñores en su jaula
Pronunciando la apertura
de la entraña rota de la tierra.
Óperas de cantores,sirven de melodía,
al recitar de la alondra, cobija su pestañeo, con brillos de cuerdas de sol
adentrándose por la ventana, y ese fotograma, me hace abrir los barrotes de tu
jaula.
Nadie más escucha,
este melodioso brio de
tu voz que muere en la cavidad,
tersada de seda,
dentro de una mano pequeña.
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