Fingal
Poeta adicto al portal
Donde la noche besa
redenciones al entendimiento,
la senda del mito rebelde
de fingidas libertades
rinde su agotamiento.
Cae un manto de destino clemente
sobre la cárcel de recelo
y el último silencio
de la lágrima vibrante
trasciende.
La sinceridad es ingenua,
flota en estelas
de luna recitada
y es verdad
que no hubo leyenda
que te alcanzara.
Es verdad
que se grabó tu nombre
en la magia de las piedras,
en la danza del viento y el agua,
en cada canto que arrulla,
en la inocencia, en la ternura,
en la mirada soñadora
que limpia la esperanza
de la humanidad errada.
Es verdad
que quise comprender
la dimensión de tu afecto
y por serte digno quise serlo:
ser la amable caricia que te imagino,
hospitalidad
para el viajero herido
en todos los caminos,
dibujando tu reflejo
en cada humano que abrazo,
cada llanto que calmo,
cada aliento que beso,
sostengo y alimento.
Es verdad
que no te faltará un refugio abierto
de fuego humilde pero honesto,
no te faltará el aire
de los bosques que protejo,
una tierra blanda
que descanse
tu huella descalza.
No te faltará un lecho
que alivie tus fríos
y duerma tus errores,
una luz amiga
leal y confortable
que ilumine la noche de tus lágrimas.
En el umbral de la morada
donde no te espero,
rezo a los dioses que no entiendo
para que no se derramen.
Y es verdad,
no lo dudes,
pues la deuda de la pureza del alma
que solo otorga el misterio de mirarte
es justa
y es eterna.
Álvaro del Prado
Galapagar (Madrid), 4 de octubre de 2015.
Me gustan las conjunciones de fechas no deliberadas. Hoy justamente se cumplen tres meses desde que escribí aquel "Tu verdad" con el que me presenté en este portal después de varios años sin escribir. También es el decimoquinto aniversario de ese "Último vuelo del dragón", el último abrazo incondicional al sentimiento heredado del siglo pasado. En su última apelación hace cuatro años le dije que volvería a volar, pero solo cuando su aliento no destruya, solo cuando su sombra no esclavice.
Hoy despliega sus alas de confines extendidos, con un doble agradecimiento. A ella, o a ti, si empiezo a creer que alguna vez llegarás a leer esto, que con unas pocas escenas me resucitaste la poesía y eso, que tiene un valor que no se cuenta en números, no lo olvido. Y a Antonio, Marquelo, que envía versos misioneros que predican ternura y redención.
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