Ad Libitum
Poeta recién llegado
Dices:
"¿Hombre o mujer?"
Y yo soy un temblor,
una montaña,
un pasadizo secreto,
una selva prohibida,
un desierto de sal.
Todos los días sois mil animales nuevos
y a veces soy un aire
que no sé respirar.
Soy un tornado
bailando con el viento
y una ola extraviada
en el fondo del mar.
Soy diez alas sin pájaro
y diez pollos sin plumas
aprendiendo a volar.
Soy un bosque,
mil cuentos,
la porción más pequeña
de un tesoro sin dueño.
Soy un grito,
un silencio,
una voz tartamuda
cantando contra el viento.
Un peligro,
una huída,
un puñal,
un infierno.
Una casa,
una mina,
una playa
sin puertos.
Soy de agua
y de aire
y me habita este cuerpo
de manos desgarradas
y de pecho pequeño,
de voz chiquita
y carcajadas grandes,
de pelos dibujando
figuras en mi pecho.
Soy este garabato
que trazan sin saberlo
las criaturas prohibidas
que me pintan por dentro.
Soy este bosque-templo
contra un mundo de hombres
que quiso,
por talarme,
conformarme mujer.
Soy la primera semilla
que crece tras el fuego.
Soy, soy, soy,
sin más,
sin adjetivos.
Y soy porque me creo.
Y soy porque me quiero.
Y porque quiero ser,
soy tanto
que me pierdo
entre mis laberintos.
Y no puedo encontrarme.
Y no pueden perderme.
Soy, soy, soy, soy
sin nombres,
sin pronombres.
Como el océano,
que es la mar
para el poeta
y el mar para les niñes
que juegan con las olas.
Como el mar,
que da vida en la lluvia
y muerte en la tormenta.
Soy, soy, soy, soy
como la mar,
que si la cercan
o se evapora y muere
o rompe con sus olas
las barreras de piedra
hasta expandirse a un horizonte nuevo,
Soy, soy, soy.
Con mis mareas
y con mi oleaje.
Soy.
Vuelvo a ser.
Estoy siendo
de nuevo.
"¿Hombre o mujer?"
Y yo soy un temblor,
una montaña,
un pasadizo secreto,
una selva prohibida,
un desierto de sal.
Todos los días sois mil animales nuevos
y a veces soy un aire
que no sé respirar.
Soy un tornado
bailando con el viento
y una ola extraviada
en el fondo del mar.
Soy diez alas sin pájaro
y diez pollos sin plumas
aprendiendo a volar.
Soy un bosque,
mil cuentos,
la porción más pequeña
de un tesoro sin dueño.
Soy un grito,
un silencio,
una voz tartamuda
cantando contra el viento.
Un peligro,
una huída,
un puñal,
un infierno.
Una casa,
una mina,
una playa
sin puertos.
Soy de agua
y de aire
y me habita este cuerpo
de manos desgarradas
y de pecho pequeño,
de voz chiquita
y carcajadas grandes,
de pelos dibujando
figuras en mi pecho.
Soy este garabato
que trazan sin saberlo
las criaturas prohibidas
que me pintan por dentro.
Soy este bosque-templo
contra un mundo de hombres
que quiso,
por talarme,
conformarme mujer.
Soy la primera semilla
que crece tras el fuego.
Soy, soy, soy,
sin más,
sin adjetivos.
Y soy porque me creo.
Y soy porque me quiero.
Y porque quiero ser,
soy tanto
que me pierdo
entre mis laberintos.
Y no puedo encontrarme.
Y no pueden perderme.
Soy, soy, soy, soy
sin nombres,
sin pronombres.
Como el océano,
que es la mar
para el poeta
y el mar para les niñes
que juegan con las olas.
Como el mar,
que da vida en la lluvia
y muerte en la tormenta.
Soy, soy, soy, soy
como la mar,
que si la cercan
o se evapora y muere
o rompe con sus olas
las barreras de piedra
hasta expandirse a un horizonte nuevo,
Soy, soy, soy.
Con mis mareas
y con mi oleaje.
Soy.
Vuelvo a ser.
Estoy siendo
de nuevo.