Évano
Libre, sin dioses.
- He roto el cristal de la ventana
- y repintado el día de gris;
- soplado las hojas amarillas
- del álamo de un estío vacuo.
-
- Estrujé las nubes para que
- lloviera como llueve lo triste
- cuando los ojos van más allá
- del cristal roto y sucio del tiempo.
-
- Ordené a la lluvia en lágrimas
- y al viento en sollozos explotando
- al ritmo de pulmones que latieran
- como corazón de escarcha y barro.
-
- He apagado los ruidos del mundo.
- Solo algún coche, de vez en cuando,
- marcha hacia no sé dónde. Puede
- que sean trocitos rotos de yos.
-
- He cerrado la tarde en oscuros
- lamentos del ululo del aire.
-
- Y la tarde me ha dicho que es tarde,
- que lo pasado está muerto y no
- ha de venir ya nadie; que solo
- quedan aquellos, aquellos tristes
- paisajes derruidos. Blanquinegros,
- borrosas nicotinas e incoloros
- desamarillos y, entre todo ello,
- solo fantasmas, y algún espectro,
- y muchos, a montones de nadies.