No lloro por un amante
ni penosos desengaños
lloro por todos los daños
de mi hermano el emigrante.
¿Cómo fue que un instante
todo en sus vidas perdieron
y cuando por mar huyeron
fueron por olas tragados
¡Cuanto sueños malogrados
en el gran azul se hudieron!
Nunca sabe el ser humano
aquello de que es capaz
hasta que asoma a su faz
un ser primitivo, insano.
La pelea por el grano
se hace mezquina y sangrienta
de esta forma tan cruenta
por proteger su labranza
mata el hombre la esperanza
de una humanidad hambrienta.
Por eso, solo por eso
me visto de negro luto
por la madre que al minuto
la enloqueció aquél suceso;
a sus niños con un beso
pretendió resucitar
y a los brazos de la mar
arrancar sus cuerpecitos;
sobre el azul solo gritos
¿quién se acuerda de rezar?
Solo el hombre salva al hombre
cuando brota su bondad
y en su gran humanidad
hasta ocultará su nombre.
No necesita renombre
por acoger compasivo
como a un hermano adoptivo
al extranjero en su hogar.
¡Que deje al fin de llorar
y empiece a sentirse vivo!
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