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La isla

Víctor Mileo

Poeta adicto al portal
Los remeros del silencio
desnudan sirenas mudas
en probadores de onanismo.
El lacre de sus párpados
anuncian lluvia rota,
por los pómulos del sedoso
deseo.
La femenina silueta de la voz
con llagas como letras
que mienten piadosamente.
Se agarra al cabo suelto del ancla,
de un velero que araña el horizonte de los náufragos.
A la deriva de los segmentos de ramas que en atadura
iban trenzándose trepando
por todo el contorno de la barca, se debatía una voluntad de cromo raída como discos rayados de soledad.
Los naufragios rompían en la playa como olas de respuestas a las voces amordazadas que el mar escupía en ensoñaciones de huida.
Y también de llegada.
La carta no decía nada más que habías encontrado
otro hombre y que naufragar conmigo era lo que te había dado fuerzas para rescatarte sola de la apatía de la sangre.
Que también moría en forma de ola sobre mi isla.
Aquí encontré al hombre piedra que se fue forjando con sedimentos de arena húmeda,
solamente me habló una vez,
su fría voz dijo:
" hiere en mi corazón
con monótona languidez."
Y mi interior convicto de la decadencia ajado como madera quebrada por la falta de orgullo.
Se endureció
Y pude, aunque con mucho sufrimiento salir de la isla.
 
Última edición:
Los remeros del silencio
desnudan sirenas mudas
en provadores de onanismo.
El lacre de sus párpados
anuncian lluvia rota,
por los pómulos del sedoso
deseo.
La femenina silueta de la voz con llagas como letras
que mienten piadosamente.
Se agarra al cabo suelto del ancla,
de un velero que araña el horizonte de los naúfragos.
A la deriva de los segmentos de ramas que en atadura
iban trenzándose trepando
por todo el contorno de la barca, se debatía una voluntad de cromo raída como discos rayados de soledad.
Los naufragios rompían en la playa como olas de respuestas a las voces amordazadas que el mar escupía como ensoñaciones de huida.
Y también de llegada.
La carta no decía nada más que habías encontrado
otro hombre y que naufragar conmigo era lo que te había dado fuerzas para rescatarte sola de la apatía de la sangre.
Que también moría en forma de ola sobre mi isla.
Aquí encontré al hombre piedra que se fue forjando con sedimentos de arena húmeda,
solamente me habló una vez,
su fría voz dijo:
" hiere en mi corazón
con monótona languidez."
Y mi interior convicto de la decadencia ajado como madera quebrada por la falta de orgullo.
Se endureció
Y pude, aunque con mucho sufrimiento salir de la isla.

Isla de dolor que atrapa entre contornos, ser adherido a ella,
pero una lucha interna nace para olvidar el naufragio. verdade-
mente un poema bello e intenso. felicidades. luzyabsenta
 

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