Francisco de Torres
Poeta asiduo al portal
Ella se fue marchando
con la tarde, solitaria y triste,
bajo el crepúsculo,
entre los árboles.
Y yo me quedé mirando
su sombra alejarse.
Entre su llanto y el mío
se oyó un plañir de cantares.
Caían las hojas muertas
en el melancólico valle.
Mi alma quiso seguirla
y se murió por los aires.
Quedó una triste candencia
temblando entre los árboles,
cuando su llanto confuso
perdióse en los olivares.
Y yo quise seguirla, ¡ay!
como una sombra anhelante,
como un torrente de espuma
que al soplo del viento nace.
Y me quedé solo, muy solo,
contemplando el silencio de la tarde.
El día lentamente agonizaba
entre suspiros, lágrima y pesares.
con la tarde, solitaria y triste,
bajo el crepúsculo,
entre los árboles.
Y yo me quedé mirando
su sombra alejarse.
Entre su llanto y el mío
se oyó un plañir de cantares.
Caían las hojas muertas
en el melancólico valle.
Mi alma quiso seguirla
y se murió por los aires.
Quedó una triste candencia
temblando entre los árboles,
cuando su llanto confuso
perdióse en los olivares.
Y yo quise seguirla, ¡ay!
como una sombra anhelante,
como un torrente de espuma
que al soplo del viento nace.
Y me quedé solo, muy solo,
contemplando el silencio de la tarde.
El día lentamente agonizaba
entre suspiros, lágrima y pesares.