Gloria Maria Granero
Poeta adicto al portal
Mi ingenuo corazón de pocas armas
ha renunciado a sus latidos por un beso.
Un triste beso tan callado y tan distante,
que hasta confundo los labios portadores.
Ingenuamente quiso sentirse querido
y ahora se encuentra desolado y sin aliento,
deambulando por las calles del olvido,
reclamando un calor del que no es dueño.
Enajenado por las luces de la noche,
dejó su orgullo apartado en una esquina,
y regalando los rincones de su cuerpo,
besó unos labios que no le pertenecían.
Llegó el silencio y con él, el primer rayo
y se esfumaron las caricias y los gozos,
y mi pobre corazón quedó callado,
ante el vacío de esos labios vanidosos.
ha renunciado a sus latidos por un beso.
Un triste beso tan callado y tan distante,
que hasta confundo los labios portadores.
Ingenuamente quiso sentirse querido
y ahora se encuentra desolado y sin aliento,
deambulando por las calles del olvido,
reclamando un calor del que no es dueño.
Enajenado por las luces de la noche,
dejó su orgullo apartado en una esquina,
y regalando los rincones de su cuerpo,
besó unos labios que no le pertenecían.
Llegó el silencio y con él, el primer rayo
y se esfumaron las caricias y los gozos,
y mi pobre corazón quedó callado,
ante el vacío de esos labios vanidosos.
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