Emma Edgar Elias (Pedro Nostalgias)

Edgar Elias

Poeta recién llegado
Anatoli-Toor-elefantes-2-600x600.jpg

Murmura el juicio de mis venas,
Tus ojos van regando pólvora en trajes negros
Y querrás bailar bajo la ceniza del viejo barómetro
Que cuarteo tus labios finos.

Vivo en la tumba de tus pétalos
Emma en tus parpados las mareas graznan
holocausto que van sangrando relámpagos del mayab.

Y ese cáncer comediante escurriéndote del rostro
Fue homicida el tacto de la ilusión que comulga en anhelo.
Si volviera a despostillar el mármol expulsarías mi nombre blindado.

Emma cuatro mil voces alaban tu piel cuando la toco.
De tu labio emanan tucanes que aletean vida.
Ahora soy yo quien encaje maremotos en tus piernas.

Emma cuándo la última arruga del elefante se empareje
Con las grietas de la tierra entonces ya no habrá más tulipanes que cortar para ti.
Ya no habrá hemisferios que despunten hogueras en otros ojos.

Que solo ensucien nuestro sudor de alacrán.
Emma mirarte en la catedral que sangra tu risa y en tus ojos verte quemar el alcatraz de mil llagas
Haces que mis sombras dejen de penar en los ataúdes que cuelgan en mis manos.
Fuiste Fosa común de mis armaduras y yo cucú enamorado
y te alaciabas los tentáculos en mi caparazón infestado de segunderos

Pero tu llanto de colibrí fue cinismo de aguijón ulcerado al susurrar zumbidos de crimen en otro péndulo agrietado

Por qué dejaste babear en ti la oscuridad del demonio. Si hay en tus labios también remaban mis cadáveres, mis sombras que te adueñaste.
A los que esclavizan tu seno por perforarte el deseo.

Emma es el final y las mantarrayas vuelan al paso que mis ojos volaron en tu labio peregrino de noche.
Y caminas con la fatiga del halcón. Veo como oscureces la tempestad. Basto con tocarte la cicatriz del tiempo para emparejarte la melancolía.
Ya ni mis labios te saben a culpa. Estamos más solos que el cadáver pútrido en el río. Ya ni la noche quiere cobijar la agonía del canario.

Somos el bostezo anciano zarpando un hábito siniestro de empalmar ciclones y huir arrastrando el ancla como esperando el último relámpago después de que cesan la lluvias.

Emma ya no somos más que una lengua en crisis hurgando en el acto desfilar en nuestra piel.
Será mejor partir desde el vientre que nos pario eternidades para dejar de hundir nuestros rostros en el lomo de la furia.

 
Anatoli-Toor-elefantes-2-600x600.jpg

Murmura el juicio de mis venas,
Tus ojos van regando pólvora en trajes negros
Y querrás bailar bajo la ceniza del viejo barómetro
Que cuarteo tus labios finos.

Vivo en la tumba de tus pétalos
Emma en tus parpados las mareas graznan
holocausto que van sangrando relámpagos del mayab.

Y ese cáncer comediante escurriéndote del rostro
Fue homicida el tacto de la ilusión que comulga en anhelo.
Si volviera a despostillar el mármol expulsarías mi nombre blindado.

Emma cuatro mil voces alaban tu piel cuando la toco.
De tu labio emanan tucanes que aletean vida.
Ahora soy yo quien encaje maremotos en tus piernas.

Emma cuándo la última arruga del elefante se empareje
Con las grietas de la tierra entonces ya no habrá más tulipanes que cortar para ti.
Ya no habrá hemisferios que despunten hogueras en otros ojos.

Que solo ensucien nuestro sudor de alacrán.
Emma mirarte en la catedral que sangra tu risa y en tus ojos verte quemar el alcatraz de mil llagas
Haces que mis sombras dejen de penar en los ataúdes que cuelgan en mis manos.
Fuiste Fosa común de mis armaduras y yo cucú enamorado
y te alaciabas los tentáculos en mi caparazón infestado de segunderos

Pero tu llanto de colibrí fue cinismo de aguijón ulcerado al susurrar zumbidos de crimen en otro péndulo agrietado

Por qué dejaste babear en ti la oscuridad del demonio. Si hay en tus labios también remaban mis cadáveres, mis sombras que te adueñaste.
A los que esclavizan tu seno por perforarte el deseo.

Emma es el final y las mantarrayas vuelan al paso que mis ojos volaron en tu labio peregrino de noche.
Y caminas con la fatiga del halcón. Veo como oscureces la tempestad. Basto con tocarte la cicatriz del tiempo para emparejarte la melancolía.
Ya ni mis labios te saben a culpa. Estamos más solos que el cadáver pútrido en el río. Ya ni la noche quiere cobijar la agonía del canario.

Somos el bostezo anciano zarpando un hábito siniestro de empalmar ciclones y huir arrastrando el ancla como esperando el último relámpago después de que cesan la lluvias.

Emma ya no somos más que una lengua en crisis hurgando en el acto desfilar en nuestra piel.
Será mejor partir desde el vientre que nos pario eternidades para dejar de hundir nuestros rostros en el lomo de la furia.

Hermosos versos para un bello poema repleto de ingeniosas y sugerentes imagenes. Me ha gustado mucho amigo Edgar. Un saludo. Paco.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba