Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis manos están levantadas el viento
porque presiento tocar tu rostro,
mas yo no quiero decir amén
en esta hora de inventos
pues sé que morí de amor.
Y sigo con una fuerza
que conduce mi pensamiento cautivo
a tus ojos recordados;
presiento recordarte.
Mis manos aumentan la desesperación en la llamada,
no sin antes, suplican al camino amigo
que no borre las señas de mis dedos
debido a que hablaron con mi cuerpo
este extrañarte.
Y sigo igual llamándote con tal pureza,
que este llamado
proviene de un corazón triste,
el mío, que suplica en el pesar.
Mis manos hablaron años
e hicieron segundos en la orquesta,
pero mudas,
también fueron violencia.
Manos mías que fueron designio y pobreza,
todas ellas acostumbradas a tocar muchas de tus puertas...
todas ellas, para mí
por siempre cerradas.
porque presiento tocar tu rostro,
mas yo no quiero decir amén
en esta hora de inventos
pues sé que morí de amor.
Y sigo con una fuerza
que conduce mi pensamiento cautivo
a tus ojos recordados;
presiento recordarte.
Mis manos aumentan la desesperación en la llamada,
no sin antes, suplican al camino amigo
que no borre las señas de mis dedos
debido a que hablaron con mi cuerpo
este extrañarte.
Y sigo igual llamándote con tal pureza,
que este llamado
proviene de un corazón triste,
el mío, que suplica en el pesar.
Mis manos hablaron años
e hicieron segundos en la orquesta,
pero mudas,
también fueron violencia.
Manos mías que fueron designio y pobreza,
todas ellas acostumbradas a tocar muchas de tus puertas...
todas ellas, para mí
por siempre cerradas.