José Ayarza
Poeta asiduo al portal
Oh, bendita Senectud,
que pones fin al jaleo,
al ruido de juventud,
al desorden y al mareo…
Que en tu lejana atalaya
te quieren dejar distante,
pero que al correr en vida
te presentas al instante.
Nadie admira tu sosiego,
tu lividez o tu calma,
tus adormilados ojos,
ni la chochez de tu alma.
Pero eres bella en tu estilo,
reposo bien merecido
de trabajos respetables,
que cuando tuvimos fuerzas,
afrontamos incansables.
Oh, bendita Senectud,
que vives junto al ocaso,
cuando estemos frente a frente,
démonos un gran abrazo.
Pues juntos caminaremos,
orgullosos de haber sido,
muy distantes en el tiempo,
pero dos comprometidos.
Afrontaremos la burla,
descrédito y la atonía,
tranquilos y resignados,
sonriendo al fin del día.
Esperando una campana,
que anuncie duelo e inicio
de más vidas con bullicio,
que tú encontrarás mañana.
Que por ser inevitable,
no eres infame ni injusta,
tan sólo eres el descanso
de una energía vetusta.