Solverde82
El dinero no se puede comer
Nací con un número en la frente
y con un contrato social debajo del brazo,
debo someterme a él
aunque nunca lo haya firmado.
¿Que clase de legitimidad es esta,
si ni siquiera me han preguntado,
ya después de nacer?
Nací siendo mercancía
de escuelas y guarderías
intentaron adoctrinar mi mente
intentaron que fuera competitivo
intentaron que pisoteara a los otros
que fuera insolidario y egoísta,
sumiso e individualista,
intentaron que no usara mi conciencia
que no utilizará mi pensamiento crítico
y que repitiera la lección como venía en sus libros,
intentaron ponerme nota,
intentaron etiquetarme
intentaron adoctrinarme,
y lo consiguieron en parte.
Y a día de hoy aun siguen intentándolo
siguen queriendo evaluarme
por lo que digo y lo que hago
menos mal que de pequeño
aprendí a no hacer caso a los falsos maestros.
Nací siendo libre, igual a los demás
pero fuel el último momento
en el que lo pude disfrutar.
Y al fin llego el ansiado día
mi primer contrato laboral
donde el bautismo de las cadenas
a vender tu fuerza de trabajo te condena.
Y por fin llego el otro día ansiado
firmar la hipoteca con el banco,
a 40 años encadené mi vida
con unos señores que de nada conocía
pero les debo respeto, pleitesía
y la mitad del valor de mi nomina
religiosamente cada 30 días.
Nací con un número en la frente
y moriré con un código de barras
siendo un ciudadano útil
a una sociedad inútil
anclada en los viejos errores del pasado
que se niega a evolucionar
por miedo a los dictados
de ese gran capital que nos tiene secuestrados
esos que ahora se llaman mercados
esos que antes se llamaban bancos
esos por los que el actual contrato social
aún sigue vigente
pues les hace ser ricos e indiferentes
ante el agravio del resto de la gente.
Puedes leer aquí otro poema sobre el mismo tema EL CONTRATO SOCIAL I
y con un contrato social debajo del brazo,
debo someterme a él
aunque nunca lo haya firmado.
¿Que clase de legitimidad es esta,
si ni siquiera me han preguntado,
ya después de nacer?
Nací siendo mercancía
de escuelas y guarderías
intentaron adoctrinar mi mente
intentaron que fuera competitivo
intentaron que pisoteara a los otros
que fuera insolidario y egoísta,
sumiso e individualista,
intentaron que no usara mi conciencia
que no utilizará mi pensamiento crítico
y que repitiera la lección como venía en sus libros,
intentaron ponerme nota,
intentaron etiquetarme
intentaron adoctrinarme,
y lo consiguieron en parte.
Y a día de hoy aun siguen intentándolo
siguen queriendo evaluarme
por lo que digo y lo que hago
menos mal que de pequeño
aprendí a no hacer caso a los falsos maestros.
Nací siendo libre, igual a los demás
pero fuel el último momento
en el que lo pude disfrutar.
Y al fin llego el ansiado día
mi primer contrato laboral
donde el bautismo de las cadenas
a vender tu fuerza de trabajo te condena.
Y por fin llego el otro día ansiado
firmar la hipoteca con el banco,
a 40 años encadené mi vida
con unos señores que de nada conocía
pero les debo respeto, pleitesía
y la mitad del valor de mi nomina
religiosamente cada 30 días.
Nací con un número en la frente
y moriré con un código de barras
siendo un ciudadano útil
a una sociedad inútil
anclada en los viejos errores del pasado
que se niega a evolucionar
por miedo a los dictados
de ese gran capital que nos tiene secuestrados
esos que ahora se llaman mercados
esos que antes se llamaban bancos
esos por los que el actual contrato social
aún sigue vigente
pues les hace ser ricos e indiferentes
ante el agravio del resto de la gente.
Puedes leer aquí otro poema sobre el mismo tema EL CONTRATO SOCIAL I
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