Évano
Libre, sin dioses.
La noche del ayer ha tejido telarañas
con restos de sueños llegados al alba
como una niebla de tibia luz que ahora
es un parque de pinos, bancos y un hombre
volviendo a leer en la hojarasca su libro
con los ojos y las letras de noviembre.
Las palmas y manos están enfrentadas
a una mirada cuyo rostro se encuentra
en la memoria que escruta los aromas
que quedaron en los hilos como harapos
de unos perros de cristales y gargantas
ladrando vidrio al paso de lo que anduvo.
Los ojos despliegan ahora sus alas
más allá de la vida que no le alcanza.
Varado el viento por la brisa que calma
se va como sonajero de hojarasca
con las hojas de un libro de sueño y suelo.
Se queda la telaraña de noviembre
en un parque de pinos, bancos y brisa.
con restos de sueños llegados al alba
como una niebla de tibia luz que ahora
es un parque de pinos, bancos y un hombre
volviendo a leer en la hojarasca su libro
con los ojos y las letras de noviembre.
Las palmas y manos están enfrentadas
a una mirada cuyo rostro se encuentra
en la memoria que escruta los aromas
que quedaron en los hilos como harapos
de unos perros de cristales y gargantas
ladrando vidrio al paso de lo que anduvo.
Los ojos despliegan ahora sus alas
más allá de la vida que no le alcanza.
Varado el viento por la brisa que calma
se va como sonajero de hojarasca
con las hojas de un libro de sueño y suelo.
Se queda la telaraña de noviembre
en un parque de pinos, bancos y brisa.