El instinto de tus ojos
lame las paredes del alma
y me aletea como pájaro
en la brevedad del silencio.
Suena por las orillas de mis brazos
un canto azul, un mundo ebrio
una bandada de palabras
que se marchitan
tras la sombra del invierno.
El ceño de la tarde se revuelca en el viento
y la distancia abre su boca
tragándose los cuerpos
que un día fueron primavera.
El tiempo me despojó de tus besos
y en un instante hecho silencio
me quedé buscando tus caricias
en un horizonte lleno de olvidos.
Eban
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