Yo caminaba ausente por las calles
negando tu mirada en otros ojos,
negando tu sonrisa en otros labios,
negando en otros cuerpos tu semblanza.
Cuando busqué tu voz, no la hallé en nadie
y no encontré el consuelo de tus versos
ni en bohemios rincones de poetas,
ni en desahuciados puertos quejumbrosos.
Afligida grité, grité tu nombre,
se encendieron, amor, todas las luces,
despojando de sombras las distancias.
Fue al embrujo de un mágico susurro
que tu piel en mi piel se volvió voz
y gimieron de versos mis sentidos.
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