Ocaso en el parque
Es la tarde en el parque,
un sol de oro
llama a las puertas del ocaso
en los jardines del lago.
Los pájaros de a poco
callan su canto
y por diversas sendas
la fresca brisa
me trae nuevas esencias.
La gente aún pasea,
los niños cantan y juegan
alrededor de la ancha fuente
que alegre su frescura vierte
en su tosca piedra
y en los alrededores charquea.
Está anocheciendo,
veo como se va quedando
el parque vacío,
sombrío,
y en el solitario lago
los peces de colores
ya duermen
mientras que la luna elegante,
escoltada por un brillante
lucero y floridos nenúfares,
en la plateada agua
cimbrea su cuerpo.
Y yo solitario caminante,
sin prisa a que mis pies
lleven a otra parte,
me hallo sentado
en la tosca piedra
viendo como el agua de la fuente
ya duerme y sueña.
Luis
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