Desamorado

Henry Miller

Poeta recién llegado
En la orilla de la nada,

tocado con el turbante de la soledad

solo y lleno de odio

me descubro palpitando aún

oficiando para los desfigurados

el último recurso.


Escribo estas líneas

mientras contemplo mi destrucción.

y encuentro cierto placer en la derrota,

me yergo ante el desprecio

de todas y de todos.

Es condición del celador de sombras

el bajar a los infiernos de vez en cuando

a recoger defenestraciones

y frutas verdes


Como una flor que nace de la sangre,

la rabia sube por mis venas

se aloja en el vientre:

indispensable alacrán de vidrio

purgando una condena efímera

una lúcida tristeza.


Como el vigilante de la puerta del infierno,

como el marinero impío que escapó del barco,

recojo los restos del naufragio

para elaborar estructuras viscerales

para perderme en la desconexión

y en el vicio de adorarte,

virgen meridiana

indecisa flor de soledad

montada en un toro de feria.

Ya estás en la galería de la oquedad

entre los rostros grises

y las mariposas muertas

que al removerse

se hacen polvo,

tu mirada dista de ser lánguida


Augurar los caminos de la ira

es un ejercicio retórico,

los seres de carne y hueso

procesan la rabia de variadas formas,

yo por ejemplo,

gusto de las uñas largas y las medias rasgadas

de las prostitutas,

me cobijo en esas fatuidades

y luego salgo a compartir mi desgracia

con taxistas de dudosa reputación

que cuentan historias sin sentido,

busco los bares venidos a menos

y me quedo en silencio

planeando la venganza.


Como en todo

voy por el camino largo,

soy excesivo y persigo los detalles,

mi sinfonía de ira es una exploración,

un estudio detallado del desprecio,

no puedo conformarme con menos.

Erudito del instinto humano

aquilato cada gesto

cada sumisión a la que he sido orillado

y escupo cada palabra tuya

cada silencio calculado.


En medio de la ira me siento avergonzado

de la obscenidad de las camisas blancas

y las flores remojadas en el vino,

me aburren mortalmente,

los seres que buscan la seguridad

en las palabras cuidadosamente aderezadas

de los eternos predicadores,

serpientes pulcras

que usan mondadientes y colonias venenosas

para causar buena apariencia.


Es la hora de la rabia

de la salsa espesa que llena los canales

y barre con todo lo que es falso,

la rabia que sube por los ojos y las sienes,

la rabia que limpia los corazones

y salda las deudas,

la rabia que ahuyenta a las ratas y los agiotistas,

sal de la impotencia,

licor de sombra negra,

bueno para el alma

como las espinas

para las espinas .
 
Última edición:
En la orilla de la nada,

tocado con el turbante de la soledad

solo y lleno de odio

me descubro palpitando aún

oficiando para los desfigurados

el último recurso.


Escribo estas líneas

mientras contemplo mi destrucción.

y encuentro cierto placer en la derrota,

me yergo ante el desprecio

de todas y de todos.

Es condición del celador de sombras

el bajar a los infiernos de vez en cuando

a recoger defenestraciones

y frutas verdes


Como una flor que nace de la sangre,

la rabia sube por mis venas

se aloja en el vientre,

indispensable alacrán de vidrio

purgando una condena efímera

una lúcida tristeza.


Como el vigilante de la puerta del infierno,

como el marinero impío que escapó del barco,

recojo los restos del naufragio

para elaborar estructuras viscerales

para perderme en la desconexión

y en el vicio de adorarte,

virgen meridiana

indecisa flor de soledad

montada en un toro de feria.

Ya estás en la galería de la oquedad

entre los rostros grises

y las mariposas muertas

que al removerse

se hacen polvo,

tu mirada dista de ser lánguida


Augurar los caminos de la ira

es un ejercicio retorico,

los seres de carne y hueso

procesan la rabia de variadas formas.

Yo por ejemplo

gusto de las uñas largas y las medias rasgadas

de las prostitutas,

me cobijo en esas fatuidades

y luego salgo a compartir mi desgracia

con taxistas de dudosa reputación

que cuentan historias sin sentido,

busco los bares venidos a menos

y me quedo en silencio

planeando la venganza.


Como en todo

voy por el camino largo

soy excesivo y persigo los detalles,

mi sinfonía de ira es una exploración,

un estudio detallado del desprecio,

no puedo conformarme con menos.

Erudito del instinto humano

aquilato cada gesto

cada sumisión a la que he sido orillado

y escupo cada palabra tuya

cada silencio calculado.


En medio de la ira me siento avergonzado

de la obscenidad de las camisas blancas

y las flores remojadas en el vino,

me aburren mortalmente

los seres que buscan la seguridad

en las palabras cuidadosamente aderezadas

de los eternos predicadores,

Serpientes pulcras

que usan mondadientes y colonias venenosas

para causar buena apariencia.


Es la hora de la rabia

de la salsa espesa que llena los canales

y barre con todo lo que es falso,

la rabia que sube por los ojos y las sienes,

la rabia que limpia los corazones

y salda las deudas,

la rabia que ahuyenta a las ratas y los agiotistas,

sal de la impotencia,

licor de sombra negra,

bueno para el alma

como las espinas

para las espinas .
hermoso poema de amor..
 

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