Abrahám Emilio
Emilio.
Tú vivirás en las calles de Piura
acurrucada de la chusma rastrera;
yo estaré en Lima al filo de la locura
olfateando tu aura de incienso y azucena.
Tú, al fin desposada
cónyugue, felizmente casada;
que desde el comienzo Dios te bendijo
con la natividad de tiernos hijos.
Tú con las décadas olvidarás que fuiste hermosa
como la voz de un relámpago y ente fastuosa;
descubrirás de repente la verdad oculta
la cual mata como el olvido de cicuta.
Tú, la constelación de astros escarlatas
y yo sin autoestima que al desprecio se ata;
mi locura y mente en complot
agujereado como prendas comido por polillas,
narraré mi historia en desconocido argot
en la inercia de un juicio y anomalía.
Tú vivirás en Piura besando un príncipe,
yo estaré en Lima en un sentimiento que no sirve;
alguien dirá: ¡ olvídala, esa mujer no vale la pena!,
otro expresará: ¡ ni siquiera merece que la menciones!,
un fulano exclamará: ¡ olvídate de esa mujer ajena!;
y yo me diré: Dios ¿ Por qué no escuchaste mis oraciones?.
Tú volverás a Lima con tu ánima,
yo estaré tapado con cemento en una lápida;
el juego del azar donde la vida se menea
como si atravesara un mar con un agujereado bote;
en el descanso eterno, se secaran flores a mi Dulcinea
aunque nunca haya existido el Caballero Quijote.
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Anthony Acosta Pérez
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