Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te escribí
en las ramas del tamarindo.
Allá en lo alto del palo,
sentada en la ramas anchas,
en donde la brisa es fuerte
y la luz es maravillosa,
la playa se ve a la vista
y el amor se hace inspiración.
Mi mamá gritaba muy molesta:
¡Qué hace esa niña encaramá* allá arriba!
pero como soy sorda de tanta libertad,
de ser ave,
de ser alta,
de ser inmensa,
no importó tanto grito,
no importó el regaño.
Te escribí en las alturas muchos corazones
para que desde allí
volaran hasta ti.
Que nadie supiera mis palabras,
y esta esperanza callada
solo fuera una adivinanza
de bolitas de tamarindo con azúcar
que nos comimos riendo.
Allí está el tamarindo,
allí continua la brisa.
Los gritos de mamá ya no están,
La playa se sigue viendo a lo lejos,
y los corazones desde las ramas se fueron
en un poema que fue libre,
que fue ave,
que fue altura,
que fue inmensa
como lo fui yo.
*encaramá (subida)
en las ramas del tamarindo.
Allá en lo alto del palo,
sentada en la ramas anchas,
en donde la brisa es fuerte
y la luz es maravillosa,
la playa se ve a la vista
y el amor se hace inspiración.
Mi mamá gritaba muy molesta:
¡Qué hace esa niña encaramá* allá arriba!
pero como soy sorda de tanta libertad,
de ser ave,
de ser alta,
de ser inmensa,
no importó tanto grito,
no importó el regaño.
Te escribí en las alturas muchos corazones
para que desde allí
volaran hasta ti.
Que nadie supiera mis palabras,
y esta esperanza callada
solo fuera una adivinanza
de bolitas de tamarindo con azúcar
que nos comimos riendo.
Allí está el tamarindo,
allí continua la brisa.
Los gritos de mamá ya no están,
La playa se sigue viendo a lo lejos,
y los corazones desde las ramas se fueron
en un poema que fue libre,
que fue ave,
que fue altura,
que fue inmensa
como lo fui yo.
*encaramá (subida)