Valen_Tina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los canales le ganaron la batalla al mar,
sobre ellos se levanta una ciudad
como si los cimientos de los edificios
hubieran echado raíces.
El ronroneo de los motores
ensucia el cielo lejos del centro.
La vida se contonea con música reggae,
mientras los diamantes vuelan sin aduanas,
viajan invisibles entre las bicicletas
y el tranvía silencioso
con sus silenciosos pasajeros,
parecen árboles desarraigados
a los que devuelven su reflejo los escaparates
y ese afán nuestro de retener las calles.
Velamos el sueño de los apátridas en el albergue.
Nunca habíamos andado tan de paso,
soñábamos con la vida
que nos quedaba por delante,
solo nos detuvimos en el mercado de las flores
oliendo diciembre,
esperando esa luz que se va temprano
sin trámites
a las cuatro de la tarde.
La noche es igual en todas partes,
nos fuimos con ella sin dejar rastro
con nuestras manos llenas de lluvia,
siempre lluvia.
No muy lejos de allí
florecen los tulipanes.
sobre ellos se levanta una ciudad
como si los cimientos de los edificios
hubieran echado raíces.
El ronroneo de los motores
ensucia el cielo lejos del centro.
La vida se contonea con música reggae,
mientras los diamantes vuelan sin aduanas,
viajan invisibles entre las bicicletas
y el tranvía silencioso
con sus silenciosos pasajeros,
parecen árboles desarraigados
a los que devuelven su reflejo los escaparates
y ese afán nuestro de retener las calles.
Velamos el sueño de los apátridas en el albergue.
Nunca habíamos andado tan de paso,
soñábamos con la vida
que nos quedaba por delante,
solo nos detuvimos en el mercado de las flores
oliendo diciembre,
esperando esa luz que se va temprano
sin trámites
a las cuatro de la tarde.
La noche es igual en todas partes,
nos fuimos con ella sin dejar rastro
con nuestras manos llenas de lluvia,
siempre lluvia.
No muy lejos de allí
florecen los tulipanes.